Expertos aseguran que la crisis económica y la pérdida de identidad nacional abrieron el paso a este movimiento.
Era todo felicidad en la cancha de juego hasta el minuto 83, cuando el futbolista Giorgios Katidis convirtió el gol que hizo ganar a su equipo, AEK Atenas, sobre el Veria (2-1). Segundos después, una celebración con el saludo nazi le costó ser suspendido de por vida de la selección de Grecia.
En la Alemania de Adolf Hitler ese tipo de gestos eran normales, sin embargo con la caída del nazismo se convirtieron en signos de discriminación y disgusto, por esto escándalos similares también han sacudió a otros jugadores como el italiano Paolo Di Canio y el holandés Robin Van Persie.
Mientras, el partido ultra derechista griego ha pasado de un dos por ciento de apoyo a un ocho por ciento, cifras que según los analistas han aumentado tras la crisis europea, motivando la adhesión a estos grupos que se autodenominan nacionalistas y anti inmigrantes.
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