Jokura estaba estudiando cómo responde M. leidyi a la luz cuando descubrió que dos ejemplares heridos se habían unido. Curiosos por recrear el fenómeno, él y Rodríguez-Santiago empezaron a experimentar. Cortaron partes de varios ejemplares y colocaron las parejas extirpadas juntas en placas de Petri durante la noche.

Nueve de cada 10 parejas se fusionaron con éxito, dando lugar a animales con dos órganos sensoriales y dos pares de orificios anales, mientras que las medusas de peine típicas solo tienen uno de cada.

Según Jokura, la fusión se produjo mucho más rápido de lo que esperaban los investigadores. “Para observar el proceso de fusión, esto es, cuándo y cómo se produce, realizamos imágenes de lapso de tiempo”, explica. El equipo de investigación colocó medusas de peine cortadas cerca unas de otras y esperó.

Al principio, las medusas seguían contrayendo sus músculos de forma independiente. Al cabo de una hora, sus movimientos rítmicos empezaron a sincronizarse. A las dos horas ya estaban sincronizadas. Cuando se les pinchaba suavemente en un lado, ambos lados del organismo combinado se contraían al unísono.

Las imágenes mostraron otra capa de la fusión: los sistemas digestivos de los animales también se combinaron. Los investigadores introdujeron una artemia marcada con fluorescencia en una de las bocas de un par de medusas de peine que habían estado fusionadas durante dos días. A continuación, el equipo siguió el movimiento de la comida con un microscopio.

Las partículas digeridas viajaron por el canal digestivo, cruzaron el límite de fusión y entraron en el tubo digestivo del otro animal, “y el otro individuo podía hacer heces con la comida”, explicó Rodríguez-Santiago. Finalmente, los residuos eran expulsados por ambos anos, cada uno a su tiempo.

Investigaciones futuras

Lo que Rodríguez-Santiago considera más interesante del estudio es la forma en que pone en tela de juicio lo que ella consideraba “límites bastante rígidos” entre el yo y el otro.