Desprolijidades, se dijo. Entre estas, no llevarle a la máxima autoridad toda la información relevante y disponible. Se hicieron cambios de personas en ministerios y en el segundo piso presidencial, a raíz de todo esto.
Las encuestas de aprobación presidencial bajaron aún más.
Uno de los principales elementos que se busca evitar en toda situación de gobernanza, sea empresarial, política o cultural, es seguir excavando cuando la autoridad se da cuenta que está en medio de un hoyo.
Salir de ahí es imperativo y es lo racional y lo justo.
No es fácil. No se trata simplemente de echar pie atrás y volver a la inercia anterior, y no hacer lo que se había prometido en campaña. Porque como lo anticipó Einstein, la vida -y la vida política aún más- es como un viaje en bicicleta: para mantener el equilibrio hay que seguir moviéndose.
Ese es el verbo activo y necesario hoy. Moverse. “Nada sucede hasta que algo se mueve”, dice el mismo Einstein. El movimiento luego del error se ve, se reconoce y se agradece. El riesgo de no moverse es permanecer en la desprolijidad. Que, como ya sabemos, es una muy mala compañera de viaje.
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