Todos ustedes o tenemos o vamos derecho con los años a algún grado de restricción visual, auditiva, de movimiento o derechamente discapacidad.
Tenemos un aeropuerto discapacitado, ha reclamado con razón Don Francisco. Tenemos un PAÍS DISCAPACITADO, creo yo.
Uno donde un rector de colegio (INBA) trata “de huevones TEA” a sus alumnos y atribuyendo a eso su dificultad para lograr la excelencia. Vergüenza.
Hay que reconocer lo avanzado, sí. Pero no quedarnos ahí.
Si es difícil transitar en silla de ruedas en un aeropuerto, inaceptable, los invito a pensar lo que significa andar en silla de ruedas por veredas asesinas: rotas y con desniveles. ¿Entras a un edificio y luego? Baños en piso 5 y sin adaptación.
¿Y si eres ciego o con discapacidad intelectual? Tus DD. HH. se violan todos los días y a tu familia, en vez de agradecerles que toquen la puerta en un colegio, le hacen sentir que es un tremendo favor el que le hacen.
A los candidatos presidenciales. ¿Para cuándo sus propuestas de discapacidad? Siempre hay cosas más “urgentes”, pero no más importantes.
No es tema de minoría: hay 3.300.000 personas con discapacidad.
Multiplicaría por 4: por sus familiares cercanos. Somos millones los que vamos a estar atentos a sus programas y vamos a recordarles sus promesas. O la inexistencia de ellas.
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