El 13 de septiembre Ricarzo Ezzati dijo “la verdad nos hará libres”. Bien lo recordaba Murillo, una de las víctimas de Karadima y se preguntaba: ¿Qué parte de la frase no entendió Ezzati?
Enfrentado a la obligación de cualquier ciudadano, declarar ante un fiscal, el arzobispo de Santiago opta por maniobras dilatorias. Ya postergó su primera citación que era para el 21 de agosto porque dijo no tenía todos los antecedentes. Ahora que los tiene, intenta dilatarla hasta que se discuta un eventual sobreseimiento. Es decir, al parecer Ezzati no quiere declarar.
La verdad siempre nos hará libres como dijo Ezzati, en lo espiritual. Nos puede hacer presos físicamente en caso de ser culpables.
Pero qué perjuicio podría traerle al arzobispo declarar si nada hizo? ¿Si el sacerdote citado como imputado, no como testigo no tiene nada que ocultar cuál es el problema de decir lo que sabe ante el fiscal Arias?
Si ya no protegió a las víctimas como debía, si ya no acogió a los denunciantes de Karadima, por qué no hace lo único que ahora importa: ayudar a esclarecer la verdad sobre abusos y encubrimientos.
Hace años Ricardo Ezzati pidió perdón a las víctimas de Karadima. Este 21 mayo pidió perdón y misericordia a los abusados por sacerdotes católicos. El 24 septiembre pidió perdón desde el fondo de su corazón. Basta.
Deje de pedir perdón y mejor dé un paso, aunque mínimo, si quiere para hacerse en algo merecedor de lo que pide una y otra vez. Colabore con la justicia. Declare. No es tan difícil.
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