Acaba de concluir un referéndum constitucional en Italia, en el que se buscaba ratificar una reforma de la magistratura que ya había sido aprobada por ley, aunque sin una mayoría reforzada.
La jefa del Gobierno de origen neofascista y líder del partido ultra Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, se implicó directamente en la campaña, arriesgando su popularidad por sacar adelante un tema muy sensible para las derechas, en constantes fricciones con jueces y fiscales.
La participación en el plebiscito fue considerable: casi 59%, sobre un tema que fue enmarcado como muy técnico. Pues bien, este plebiscito se transformó en una importante derrota para Meloni, quien ya lleva tres años y medio como líder de una coalición de derechas (todo un récord después de Berlusconi) a poco más de un año de que tengan lugar nuevas elecciones legislativas. El no a la reforma constitucional se impuso con casi el 54% de los sufragios.
Este resultado es relevante, ya que hay varios indicios de un inicio de agotamiento de algunos gobiernos iliberales de derecha radical. Es así como la coalición que apoya al gobierno de Viktor Orban en Hungría estaría perdiendo las elecciones del próximo mes de abril, según varias encuestas, a manos de una fuerza de centroderecha que se inscribe en el grupo del Partido Popular en el Parlamento Europeo.
Qué duda cabe: el mesianismo belicista de Trump está generando un importante efecto tóxico en el viejo continente, cuya popularidad entre los europeos ha caído a mínimos históricos, incluso entre los votantes de las distintas derechas radicales.
Una mala salida del conflicto militar con Irán bien podría traducirse en sendas derrotas de los partidos que, hasta hace poco, eran aliados de Donald Trump. Meloni tuvo que tomar distancia de los bombardeos con Irán, declarando que esta “no es nuestra guerra”: lo mismo hizo Marine Le Pen.
Lo anterior no quiere decir que las izquierdas socialistas y socialdemócratas vuelvan mecánicamente a ser alternativa: su confusión ideológica y la permanencia de temas que no son cómodos para su programa las obliga a repensarse seriamente: en mi opinión, a refundarse, tomando nota de que el mundo dejó de ser lo que conocíamos.
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