¿Cómo interpretar la salida del exministro Giorgio Jackson? Por una parte, es un golpe seco y preciso al corazón de este gobierno. Una de sus figuras centrales de su corta historia cae por casos de corrupción.
Pero la oposición hizo algo curioso. El gobierno estaba pidiendo un diálogo y la oposición condicionó ese diálogo a la salida de Jackson.
Si había la impresión que no se echaría a un fundador de la coalición de gobierno y la condición campearía, con la salida del exministro, la situación es otra: cumplida la condición, ¿se avanza al diálogo?, o se demuestra que todo era una táctica para no dialogar. Y se inventará otra condición o excusa.
Conversar en la política moderna es casi la excepción. Las cosas tienden a polarizarse en posturas intransigentes.
¿Habrá una nueva condición? O estamos cerca de un nuevo diálogo político, con transparencia y atención ciudadana. Si esto ocurre, sea lo que pase en la investigación del caso Convenios, la salida del exministro Jackson, lejos de complicar al gobierno, le dio la posibilidad de un nuevo camino de diálogo.
Salvo que todo haya sido una estrategia, bajo la idea que Jackson nunca renunciaría, para no dialogar. Si aparecen nuevas condiciones u obstáculos, estaba claro de qué se trataba. Y si se conversa en serio, también.
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