Ya estamos en veda o blackpout de encuestas, a pesar de que quedan varios días para la elección, y que también faltan hitos clave, como debates y entrevistas.
Este anacronismo logra el efecto contrario al que persigue. Se supone que es para no manipular las elecciones, con resultados que podrían incidir en el voto de cada cual, pero la realidad es que 15 días de veda logran solo darle mayor espacio a las noticias falsas, y abonar a la especulación y falta de transparencia.
Por lo demás, distintas versiones de encuestas confidenciales circulan en redes sociales, especialmente vía WhatsApp, sin accountability, o rendición de cuentas, pues no son oficiales o formales. Esto produce opacidad, y un desnivel o asimetría en la información disponible: mientras algunos o algunas reciben las encuestas, la mayoría de los ciudadanos, no.
Cada año electoral se recuerda en columnas o espacios como este, lo anacrónico e inconveniente de la veda; y como cada año electoral, nadie sale a defenderla. Pero, como si fuera el día de la marmota, nada cambia, hasta que vuelve a ser año electoral y el ciclo se repite.
¿Podrán los parlamentarios, de una vez, legislar rápido sobre esta materia, que por lo demás no presenta mayores controversias para modificarse?
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