Fraude electoral. Eso denunció el ex candidato José Antonio Kast. Sin ocupar ese término, el ex Presidente Sebastián Piñera aseguró que en la primera vuelta “vimos muchos votos que estaban marcados previamente por Guillier o Sánchez”.
Todo en medio de una campaña para reclutar apoderados de mesa, cuya presencia según Piñera es indispensable para “defender mejor sus votos y que la elección sea limpia y transparente”
Lo sucedido es grave. Hay muchas cosas en discusión en Chile, pero no la limpieza del sistema electoral, uno de los grandes activos de nuestra democracia.
En esta elección, como en todas, hubo denuncias puntuales de votos marcados o de personas que no pudieron sufragar. Se hicieron en medios o en redes sociales, sin exhibir evidencia, y ninguna de ellas llegó al Servel.
Errores puntuales siempre pueden existir. Mala intención de alguien, también. Pero cuando no hay un solo caso comprobado, asegurar que hubo «muchos votos marcados» o «fraude», simplemente no es cierto ni serio.
Por eso, si alguien tiene evidencia de que hubo fraude, esos antecedentes deben entregarse a las autoridades, para investigar eventuales delitos. Eso es lo correcto y lo responsable.
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