El Ministro de Justicia no habla en arameo como él mismo aclaró en su primera polémica, apenas asumió el cargo hace dos meses. El problema es que habla en un castellano crudo, en que pareciera no pensar lo que dice o, tal vez peor, lo que dice es lo que realmente piensa.
Comenzó en su cargo con un tono que parecía campechano, prometiendo hacer rodar cabezas en Gendarmería, y diciendo que lo colgaran en la plaza si querían. Luego sugirió la excarcelación de reos enfermos de Punta Peuco, ganándose la primera desautorización de La Moneda.
Anteayer vino la frase en que decía que el centro del sename en que murió 1 niña tenía más comodidades que el internado en que él estudió. Y ahora, esta nueva salida sobre “las bolas del director de Gendarmería” y su disposición para cortarlas.
Una autoridad que en sus declaraciones se comporta de esta forma una y otra vez pierde autoridad. O no se le toma en serio, o se le toma en serio y causa indignación.
En un comunicado, Campos hoy ofreció disculpas. Pero no por haber minimizado las condiciones del centro en que murió una niña, sino por su alusión al director de Gendarmería.
O sea, se disculpa ante la falta de respeto a una autoridad del gobierno, pero sigue sin dimensionar cómo le faltó al respeto a las víctimas y familiares del Sename.
Y esa falta de empatía con las que más han sufrido sigue siendo, más allá de todos sus chascarros, el principal problema del castellano al que nos ha acostumbrado el ministro.
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