Pidió perdón a nombre de la Iglesia Católica, por el daño que calificó de “irreparable” a las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. El Papa dijo que le causa vergüenza y dolor.
Llamó a apoyar a las víctimas y a trabajar para que no se repita los abusos. Es un gesto sobre todo considerando que lo hizo en su primer discurso y en una visita de Estado.
Pero no es suficiente: primero porque hay víctimas que así lo reclaman. Y porque aún no ha ido acompañado de actos concretos. Actos que se esperan del papa porque él destinó a Osorno al obispo Juan Barros y ha permitido que siga ahí.
El cuestionado obispo participó hoy de la multitudinaria misa en el Parque O’Higgins y de la reunión con el papa en la catedral. Les aconsejó a los periodistas antes que preguntarle a él, dedicarse a reportear la visita de Francisco.
Y lejos, muy lejos de pedir perdón, Barros acusó que se ha mentido en su caso y destacó sentir el afecto del Papa. Parece aferrarse a un cargo sin darse cuenta o sin importarle el daño que causa su presencia.
Mientras, quienes eran los más indefensos en el pasado: niños o jóvenes, las víctimas abusadas por sacerdotes siguen esperando una reparación que les devuelva la confianza.
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