No+AFP ha sido sin duda el movimiento social más exitoso de este año. Lograron instalar en el centro del debate un tema crítico, como el sistema previsional. Y lo hicieron a través de marchas que tuvieron tres características: fueron multitudinarias, familiares y pacíficas. Expresiones de descontento incuestionables y que obligaron a poner el foco donde importa: en el grave problema de los jubilados.
Pero hoy, el movimiento intentó una nueva estrategia, y el resultado más bien parece un paso en falso. El llamado a paro nacional generó convocatorias masivas, pero también tomas, interrupciones del tránsito, barricadas, el corte de la línea 4 del metro e incluso la quema de buses. Los dirigentes condenaron este último hecho, pero llamaron a las tomas de colegios y calificaron las barricadas como “expresiones ciudadanas”.
Dicen que la idea era precisamente tener una jornada anormal. Pero esta anormalidad debe ser voluntaria, no forzada. Cuando se obliga a los ciudadanos a llegar tarde o no llegar a sus lugares de trabajo o de estudio, el efecto es contraproducente: enajenar el apoyo de muchos de los mismos que celebraron o incluso participaron en las masivas, pacíficas y voluntarias marchas que dieron fuerza a este movimiento.
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