Puros hombres entre los premiados. Todos sonrientes mientras uno de ellos recibía una muñeca inflable con una papel que le tapaba la boca.
No era una despedida de soltero. Era la comida de ASEXMA y se regalaba la muñeca al Ministro Céspedes para que estimulara la economía.
Todos los premiados rieron. Ninguno de ellos alzó su voz ni puso cara de molestia. Les pareció normal.
Normal que en un acto se regale una muñeca y además con la boca tapada. Algo de pésimo gusto y que violenta a las mujeres cosificándolas.
Indignarse frente a esta broma sexista no es de tontos graves. Es darse cuenta de lo grave que es que no haya sido un escándalo en ese momento.
Porque muestra la normalización de la violencia de género. Una que termina en golpes o en femicidios pero que comienza mucho antes.
Cuando las mujeres tienen barreras para acceder a cargos relevantes, cuando les pagan menos, cuando la publicidad las cosifica, cuando la cultura nos dice que valen menos.
Una sociedad que da ese mensaje es una donde quienes vieron la muñeca pilucha sólo tras el escándalo cambiaron su cara de risa cómplice por una de arrepentimiento o indignación.
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