¿De qué se trata la temporada 2 de The Pitt? Lo que Noah Wyle contó sobre Robby y el nuevo turno
Por CNN Chile
08.01.2026 / 13:31
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La serie vuelve con un turno ambientado en el 4 de julio: Wyle adelanta rehabilitación, salud mental y negación del trauma entre los personajes, con Robby rumbo a un sabático.
La segunda temporada de The Pitt regresa este jueves 8 de enero de 2026 a HBO Max y vuelve a su estructura de “tiempo real”, con episodios que siguen, hora a hora, una extensa jornada en la sala de urgencias del Pittsburgh Trauma Medical Center.
En una entrevista de prensa compartida por HBO Max con CNN Chileı, Noah Wyle (productor ejecutivo e intérprete del Dr. Michael “Robby” Robinavitch) explicó que la temporada 2 transcurre durante el fin de semana del 4 de julio y ocurre 10 meses después del evento con el que terminó la temporada anterior.
En sus palabras, ese período “ha sido significativo” para el equipo: algunos personajes “han pasado tiempo en rehabilitación” y vuelven a su primer día; otros han seguido trabajando y ganando confianza; y otros han buscado apoyo en salud mental para procesar lo vivido, mientras “algunos están en completa negación” de necesitar ayuda.
“Si la primera temporada decía ‘el doctor es el paciente’, la segunda dice ‘los doctores no son los mejores pacientes’”, señaló.
Cuéntanos, ¿de qué trata esta segunda temporada? Noah: La segunda temporada transcurre durante el fin de semana del 4 de julio y han pasado 10 meses desde el evento con múltiples víctimas con el que dejamos a nuestros héroes al final de la temporada anterior. Esos 10 meses han sido significativos en muchos sentidos para nuestros personajes. Algunos han pasado ese tiempo en rehabilitación y están regresando a su primer día de trabajo. Otros han estado trabajando todo este tiempo, ganando experiencia y confianza en el proceso. Algunos buscaron ayuda en salud mental y comenzaron a procesar internamente ese evento traumático. Y otros están en completa negación de que necesitan ese tipo de ayuda, lo que les ha pasado la cuenta de distintas maneras. Entonces, si la primera temporada planteaba que “el doctor es el paciente”, la segunda plantea que “los doctores no son los mejores pacientes”.
¿Por qué tú y el cocreador R. Scott Gemmill decidieron que debía haber un salto temporal de 10 meses entre ambas temporadas y que esta se desarrollara durante el fin de semana del 4 de julio?
Noah: Bueno, en realidad todo comenzó con una conversación que John Wells (productor ejecutivo y director) tuvo con nosotros, en la que nos quitó la presión de sentir que teníamos que superarnos a nosotros mismos.
Él nos dio la directriz de no intentar ser más sensacionalistas; esto no se trataba de encontrar otro evento con múltiples víctimas para construir una gran temporada en torno a eso, sino de volver a estos personajes y ver cómo son sus vidas después del paso del tiempo.
Pensamos que el impacto acumulado de otro fin de semana intenso sería lo suficientemente dramático.
Y si lo es —si la segunda temporada resulta satisfactoria en ese sentido— sin esa arquitectura previa que marque el ritmo de un colapso del protagonista o que construya una gran crisis, entonces esta serie podría durar mucho tiempo, apoyándose únicamente en el drama humano que se puede encontrar en una sala de emergencias.
Así que, en muchos sentidos, nuestra consigna fue no intentar hacerlo más grande, mejor, más rápido o más divertido… simplemente hacerlo de nuevo.
¿Cómo ha cambiado tu personaje, Robby, a lo largo de estos 10 meses?
Noah: Bueno, desde el primer momento notamos algo distinto: ya no va caminando al trabajo, ahora llega en motocicleta y sin casco… y no mucho después en la serie le dice a alguien que sí usa casco, así que rápidamente entendemos que está ocultando algo, aunque todavía no sabemos exactamente qué.
Robby se va a tomar un sabático, y este es su último turno antes de ausentarse por unos tres meses.
Tiene planificado un viaje por carretera que suena bastante utópico, romántico y casi literario, pero a medida que avanza la temporada, sus motivaciones para hacerlo —y lo que realmente representa ese viaje— empiezan a ponerse en duda. La gran pregunta es si esto es simplemente otra forma de escapar de aquello que necesita enfrentar o si realmente se trata de una manera válida de autocuidado.
¿Cómo equilibras esa representación sutil de un personaje en evolución con las exigentes y frenéticas demandas de la trama?
Noah: De la misma manera en que cualquier profesional hace malabares entre tres hijos, problemas matrimoniales y las cuentas por pagar, y aun así debe ir a trabajar, olvidarse de todo eso y hacer que no forme parte de su realidad mientras atiende a personas que están viviendo el peor día de su vida, cuatro veces por hora. Todo eso, además, con todo su conocimiento médico disponible en la punta de los dedos.
Los personajes que estamos retratando son como atletas de alto rendimiento: personas que “corren hacia el fuego”, hacia los disparos, hacia los heridos, porque confían en que pueden ayudar gracias a su experiencia.
Lo que me parece destacable de esa mentalidad es que el nivel de talento es extremo. Es el equivalente a estar jugando con dos personas menos en el equipo, con el reloj en contra, y no cualquiera quiere “tener la pelota” en ese momento. Solo un puñado de personas cree en sí misma a ese nivel como para exigirla.
Cada médico de urgencias que he conocido exige la pelota en esos momentos, y lo logra apartando todos sus problemas personales a otro rincón de su mente: los hijos, las cuentas, los conflictos matrimoniales.
Si mantienes ese ritmo durante una carrera de 30 años, inevitablemente vas a chocar contra un muro, a menos que encuentres una forma de soltar peso, de lograr un equilibrio.
Robby no es un buen paciente. Es un médico increíble, pero el enfoque de un doctor, por vocación, es externo, no interno. Cuando ese enfoque comienza a dirigirse hacia adentro, sabes que hay personas que no van a reaccionar bien a eso.
Fue muy interesante interpretar esa parte profundamente privada de un hombre que no puede mostrarla públicamente, porque no es el rostro que debe presentar ante su equipo, sus colegas, sus pacientes ni ante sí mismo para poder seguir avanzando. Y vemos cómo eso empieza a pasarle la cuenta a medida que la temporada avanza.
Cómo ha cambiado tu personaje, Robby, a lo largo de estos 10 meses? Noah: Bueno, desde el primer momento notamos algo distinto: ya no va caminando al trabajo, ahora llega en motocicleta y sin casco… y no mucho después en la serie le dice a alguien que sí usa casco, así que rápidamente entendemos que está ocultando algo, aunque todavía no sabemos exactamente qué.
Robby se va a tomar un sabático, y este es su último turno antes de ausentarse por unos tres meses.
Tiene planificado un viaje por carretera que suena bastante utópico, romántico y casi literario, pero a medida que avanza la temporada, sus motivaciones para hacerlo —y lo que realmente representa ese viaje— empiezan a ponerse en duda.
La gran pregunta es si esto es simplemente otra forma de escapar de aquello que necesita enfrentar o si realmente se trata de una manera válida de autocuidado.
¿Cómo equilibras esa representación sutil de un personaje en evolución con las exigentes y frenéticas demandas de la trama?
Noah: De la misma manera en que cualquier profesional hace malabares entre tres hijos, problemas matrimoniales y las cuentas por pagar, y aun así debe ir a trabajar, olvidarse de todo eso y hacer que no forme parte de su realidad mientras atiende a personas que están viviendo el peor día de su vida, cuatro veces por hora. Todo eso, además, con todo su conocimiento médico disponible en la punta de los dedos.
Los personajes que estamos retratando son como atletas de alto rendimiento: personas que “corren hacia el fuego”, hacia los disparos, hacia los heridos, porque confían en que pueden ayudar gracias a su experiencia.
Lo que me parece destacable de esa mentalidad es que el nivel de talento es extremo. Es el equivalente a estar jugando con dos personas menos en el equipo, con el reloj en contra, y no cualquiera quiere “tener la pelota” en ese momento. Solo un puñado de personas cree en sí misma a ese nivel como para exigirla.
Cada médico de urgencias que he conocido exige la pelota en esos momentos, y lo logra apartando todos sus problemas personales a otro rincón de su mente: los hijos, las cuentas, los conflictos matrimoniales.
Si mantienes ese ritmo durante una carrera de 30 años, inevitablemente vas a chocar contra un muro, a menos que encuentres una forma de soltar peso, de lograr un equilibrio.
Robby no es un buen paciente. Es un médico increíble, pero el enfoque de un doctor, por vocación, es externo, no interno. Cuando ese enfoque comienza a dirigirse hacia adentro, sabes que hay personas que no van a reaccionar bien a eso.
Fue muy interesante interpretar esa parte profundamente privada de un hombre que no puede mostrarla públicamente, porque no es el rostro que debe presentar ante su equipo, sus colegas, sus pacientes ni ante sí mismo para poder seguir avanzando. Y vemos cómo eso empieza a pasarle la cuenta a medida que la temporada avanza.
Hay muchos dramas médicos. ¿Por qué crees que The Pitt ha logrado destacar entre todos ellos?
Noah: Bueno, puede sonar un poco seco decir que esta es la serie hospitalaria más precisa que se haya hecho, pero hay algo en esa fidelidad a la realidad y en eliminar el artificio que normalmente acompaña este tipo de experiencias televisivas.
Ya sea por la música, el diseño sonoro o el hecho de que trabajamos con un equipo extremadamente reducido: tenemos dos operadores de cámara y un microfonista, y todo lo demás es el entorno real. Eso hace que filmar la serie sea una experiencia muy inmersiva, y creo que eso se traduce directamente en una experiencia igual de inmersiva para quien la ve.
Es más parecido a ir en el asiento trasero de un patrullero policial durante una ronda, o a estar incrustado como periodista en una unidad de combate durante una guerra. Hay cierto riesgo en estar ahí, y no siempre va a ser agradable. Puedes girar la cabeza, pero no puedes irte realmente. Y es una prueba de resistencia: ver si puedes aguantar y mantenerte de pie tanto tiempo como estos personajes lo hacen.
Yo uso a mis propios hijos como una especie de prueba de fuego para esto: la autenticidad te obliga a involucrarte de una manera que hace que dejes el teléfono, porque no se te pide que seas un espectador pasivo. Ahora eres parte de esto. Estás dentro de The Pitt junto a estos personajes, y no tienes el lujo de observarlo todo desde una perspectiva distante, como desde un punto de vista aéreo.
¿Qué aprendiste al hacer la primera temporada que te permitió lograr una experiencia más auténtica e inmersiva en la segunda?
Noah: Creo que, simplemente, el hecho de que el estilo y el concepto hayan sido validados nos dio la confianza para volver atrás y decir: “Está bien, no estábamos equivocados. Teníamos razón. Esto realmente funciona visualmente”.
Por ejemplo, normalmente a un actor se le marca una posición en el suelo con cinta —dos tiras formando una T— donde debe pararse para estar siempre en foco, sin importar la distancia entre la cámara y él. Nosotros no tenemos marcas en el suelo. La cámara tiene que seguirnos y encontrarnos, en lugar de que nosotros busquemos a la cámara.
Eso implica una forma completamente distinta de trabajar, mucho más cercana a un estilo periodístico.
Pero le da a los actores una libertad enorme, porque no tienen que preocuparse por la actuación en términos técnicos, ni por la luz ni por el encuadre. Solo estamos pensando en el procedimiento.
Y como resultado, se logra un nivel extra de concentración en la interpretación que, para mí, es absolutamente hipnótico.
Antes del estreno de la primera temporada de The Pitt dijiste que esperabas que la serie pudiera motivar a más personas a sumarse a la profesión médica. ¿Ha funcionado?
Noah: Parte de la intención original era justamente intentar volver a engrosar las filas de personas que trabajan en estos puestos, porque hemos visto un éxodo enorme desde las salas de urgencias después del COVID.
De hecho, trabajar en urgencias pasó de ser, durante un tiempo, la especialidad más atractiva, a convertirse casi en una sentencia de muerte durante la pandemia. Y como resultado tenemos escasez de enfermeras, falta de personal, profesionales con experiencia que se van… y la situación no mejoró después.
Esos trabajos no comenzaron mágicamente a recibir más recursos, más insumos ni mejores salarios tras el COVID. Siguieron siendo puestos deficitarios y bajo una enorme presión. A eso se suma que, mientras más hospitales rurales cierran, más personas pierden su seguro de salud y terminan abarrotando las salas de emergencia, lo que pone aún más carga sobre quienes trabajan ahí.
Así que creo que, al menos en parte, estamos siendo un poco efectivos en volver a hacer atractiva esta disciplina. He escuchado, aunque sea de manera anecdótica, a personas decirme que sus hijos empezaron a interesarse en estudiar medicina o enfermería gracias a la serie. Espero que sea verdad.
Porque, si Dios no lo quiera, llegáramos a enfrentar otra pandemia, vamos a necesitar desesperadamente a esas personas en esos trabajos.
Fue la culminación dramática de una campaña de varios meses cuyo objetivo final ha sido claro para quienes participaron en su planeación: derrocar a Maduro del poder. Trump, quien en ciertos momentos expresó dudas sobre el potencial de consecuencias no deseadas y la posibilidad de que EE.UU. se viera envuelto en una guerra prolongada, dejó de lado cualquier reserva y dio luz verde a la operación en los días previos a Navidad.