Pantalón blanco y camisa roja con palmeras. Así apareció el músico brasileño Gilberto Gil ante un Movistar Arena casi completo para vivir lo que el propio artista anunció como su despedida definitiva de los escenarios.
Acompañado de una gran banda, eran 17 músicos sobre el escenario y destacaba un cuarteto de vientos y un cuarteto de cuerdas, al centro, Gil con su guitarra colgando. No era solo una gran banda, sino que buena parte de ella era su familia. De hecho , lo acompañaban tres de sus hijos, entre ellos, Bem en el bajo y también, su nieto Joao en la guitarra.
A sus 83 años, Gil estuvo de pie casi todo el show: bailando, animando, silbando, tocando guitarra. Se movió con naturalidad entre la bossa nova, el reggae, la samba e incluso el rock, repasando seis décadas de una carrera única. Habló en español y contó anécdotas con humor.
Una de las más entrañables fue la del FESTAC ’77, el festival de arte y cultura negra celebrado en Lagos, Nigeria, donde conoció a Fela Kuti y a un jovencísimo Stevie Wonder. Ese viaje, contó, inspiró el álbum Refavela y el público escuchó fascinado y con mucho respeto, sabiendo que se encontraba frente a uno de los artistas más grandes de todos los tiempos que cuenta con 70 álbumes y nueve premios Grammy.
El tiempo fue el elemento central de la noche, tanto en la música como en las imágenes. Las pantallas alternaron fotos de Gil joven con apariciones de sus grandes amigos y compañeros de ruta: Caetano Veloso y Maria Bethânia.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando se proyectaron imágenes de la dictadura militar brasileña (el músico estuvo preso en dos oportunidades) y apareció hablando el gran poeta y cantante brasileño Chico Buarque a propósito de la canción “Cálice”, la canción que denuncia la censura, tortura y represión de la dictadura militar.
Hubo solos de guitarra eléctrica, de acordeón, y un momento particularmente íntimo en el que Gil se sentó solo con su guitarra electroacústica y fue acompañado con una trompeta y un cuarteto de cuerdas.
También cantó “Não chore mais”, su versión del clásico de Bob Marley “No Woman no Cry”, que incorpora en su disco “Realce” del año 79, mientras se proyectaban imágenes tanto de Bob como de él jóvenes. Ellos no llegaron a conocerse pero Gil siempre admiró a Bob Marley, de hecho grabó con la banda The Wailers tres años después de la muerte del rey del reggae. Y, sin ir más lejos, fue Gil quien introdujo el reggae en Brasil.
El concierto se extendió por casi tres horas y sonaron los grandes clásicos “Aquele Abraço”, Andar com fé”, Esperando na janela””, “Palco” y “Tempo Rei”, entre otras. El público terminó bailando al igual que Gilberto Gil que no solo se despidió de Chile, si no que demostró que la buena música no envejece, solo se vuelve más sabia.
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