El proyecto de Juan Pablo Arriagada se levantó con pasión, tecnología y VFX como columna vertebral, en una hazaña inspirada en la lógica de filmar tanto en verde como en locaciones reales para construir mundos. Mas no como una historia épica, sino como la única forma posible con los recursos disponibles. Hoy, con la meta de ampliar su distribución entre el público.
Todo proyecto comienza con una idea. En el caso de CYDONIA, nació en el papel, con tinta y dibujos, mucho antes de que se encendiera una sola cámara.
Mientras estudiaba Comunicación Audiovisual con mención en Postproducción en el Duoc UC de Concepción, un joven chillanejo llamado Juan Pablo Arriagada dio vida a sus ideas en un cómic original titulado Gala Negra.
Con un enfoque “rupturista” ya por ese entonces, estaba protagonizado por una heroína y “muy conectado con esa vertiente del cómic europeo, de la mujer empoderada”, relata.
Ese trabajo fue el primer cimiento, tanto visual como narrativo, de todo lo que vendría después.
En un gesto que presagiaba su futuro espíritu autogestionado, Jota (como le dicen sus amigos) dibujó y pintó las viñetas en papel, para luego escanearlas y colorearlas digitalmente con Photoshop. Dicho proceso (que describe solo haber visto en cómics chilenos como Diablo) fue sentando las bases como guía técnica, y entre esos dibujos, ya estaba el fondo de lo que más adelante sería el universo de CYDONIA.

CYDONIA | Cortesía de Juan Pablo Arriagada
A través de sus personajes, secuencias, planos y diálogos, funcionaba como un mapa visual que ayudaba a entender qué podía funcionar en pantalla y qué no. A mediados de los 2000, la idea siguió rondando, pero chocaba una y otra vez con la realidad del financiamiento.
Y si bien consideró inicialmente hacer un corto de animación 3D, gracias a conocimientos adquiridos en un máster en CGI llevado a cabo en el Aulatemática de Madrid años antes, finalmente decidió producirla con actores reales, y se dejó influenciar por la técnica de uno de sus ídolos del séptimo arte: Robert Rodríguez, en Sin City.
Dicho modelo se basó en filmar todo en pantalla verde (chroma), utilizando locaciones y entornos completamente generados por computador (VFX).
Jota se alejó del look de “viñeta” de cómic que había considerado inicialmente, para evitar la inminente sobresaturación del mercado de superhéroes (Marvel, DC). En su lugar, optó por un camino más realista, buscando que la ciencia ficción se percibiera como algo que podría pasar, asemejándose “más al estilo de Inception, Predestination o Equilibrium”, complementa.
Los primeros cimientos de CYDONIA
Entre 2007 y 2008, junto a Francisco Elgueta y el pequeño equipo de una productora que se sustentaba mediante la realización de videos corporativos, intentaron levantar un primer teaser en carne y hueso. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que el proyecto era “muy ambicioso” y “requería muchos recursos”, sumado a la falta de apoyo. Dentro de esa misma línea, también lograron percatarse de que el día a día trabajando en la productora simplemente no dejaba tiempo libre para terminarlo. El teaser quedó incompleto, hasta que él lo retomó en solitario años después.

Juan Pablo “Jota” Arriagada, director de CYDONIA | Fotografía por Camila Morandé
Para 2009 y 2012 volvió a intentar empujar el proyecto por la vía institucional. Postuló a distintos fondos, incluyendo el Fondo de Arte y Cultura Nacional (Fondart) y CORFO. No resultó. “En 2012, yo decido guardarlo, meterlo al refrigerador”, cuenta.
Sin embargo, ahí hubo una decisión clave: no matar la idea en sí, sino asumir que, en ese momento, no era viable. En paralelo, el cineasta siguió acumulando herramientas técnicas y para 2014 terminó, finalmente, aquel teaser que había quedado congelado. “Editando solo en la casa”, dice, casi para “saldar una deuda con esa versión inicial”, pero también para probar nuevas tecnologías de postproducción y VFX.
Ese mismo año hizo otro movimiento que después se transformaría en bisagra para CYDONIA. Filmó el cortometraje I Dream. Lo grabó “en un fin de semana”, viajando de Santiago a Chillán con un equipo mínimo y con los actores Luis Uribe y Alex Rivera como protagonistas. La historia era de ciencia ficción con enfoque social, sobre “la privatización de los sueños, y cómo soñar sin pagar es ilegal”, según describe. El presupuesto, agrega, fue “sumamente limitado para lo que aspiraba a contar”.
Se estrenó en 2015 y al principio, no pasó nada. Con él, Arriagada postuló festivales y acabó topándose con el mismo silencio. Aún así, continuó enviando su creación durante años. Y ese detalle, que suena menor, después sería el combustible para volver a insistir con CYDONIA.
En 2017, Arriagada volvió a tocar una puerta. Esta vez, en un festival tipo laboratorio ubicado en Concepción, donde guiones podían escalar hacia prototipos de proyectos mayores. El resultado fue un golpe directo en la cara. Quedó fuera de inmediato. “El primer eliminado”, subraya.
Dice que recibió apreciaciones duras, que no conectó con el jurado y le llamó la atención que algunos de los dardos apuntasen directamente al hecho de estar “protagonizado por una mujer”. Habla con autocrítica y reconoce que su presentación “fue un desastre”, pero la experiencia le sirvió, al menos, para algo práctico. Bajar el guión a tierra y entender por dónde “podía volverse realizable”.
Un año más tarde, se alinearon dos aspectos que, juntos, cambiaron el escenario: la primera fue interna, pues decidió reescribir CYDONIA de manera categórica, y en esa misma línea, modificó aspectos como antagonistas, tono y enfoque. Para entonces, lo que antes era una pelea contra seres sobrenaturales, ahora pasó a convertirse en un conflicto con humanos y estructuras de poder.
También cambió el corazón emocional del relato y la pareja de la protagonista pasó de hombre a mujer. Ahora se llamaba Antonia, y complementaba la intención que Arriagada tenía de retratar “un relato distinto y más inclusivo”. El de una pareja lésbica en el centro de una historia de ciencia ficción hecha en Chile, mas sin tratamiento fetichista.
La segunda cosa fue externa y absolutamente inesperada. Su antiguo cortometraje, I Dream, empezó a recibir reconocimientos que antes no habían llegado. El brillo de un Premio del Público en el Fixxion Fest chileno y la categoría ganada en el Belín Sci Fest Films fue seguido de un quiebre de silencio que traspasó los límites geográficos. Selecciones en el Columbia SciFi Film Fest de Estados Unidos (donde, ademas, fue finalista), el Inshort Film Fest de Nigeria y el Dadasaheb Phalke International Film Festival de India.
Eso le dio algo que, hasta entonces, le faltaba para generar confianza: una trayectoria como realizador, que demostraba capacidad real de ejecución en ciencia ficción independiente.
Detrás de un proyecto “full autoproducido”
Con dicha energía, armó un teaser nuevo de CYDONIA y empezó a convocar elenco. Se formó una “maqueta” con nombres que después serían claves. En esa etapa aparece Vivianne Dietz al frente protagónico y Antonia Bosman sumándose como su pareja, tras una llamada que le llega a través de su amiga. También se incorporaron Eyal Meyer, Orlando Alfaro y Andrés Jorquera.
“Este es un proyecto full autoproducido”, destaca Bosman. El primer adelanto con ellas se grabó en un solo fin de semana, entre julio y agosto de 2018. Y ese material, más un paquete de postulación, terminó abriendo la puerta que Arriagada venía empujando hace años: el Fondart Regional que llegó como noticia en diciembre de 2019.
Y justo cuando el proyecto parecía agarrar piso, llegó el golpe masivo. La pandemia. Arriagada lo cuenta como “un dominó de problemas”, pero también como una extraña ventana de oportunidad. En medio del encierro, la lógica fue que, si no lo hacían en ese entonces, se les “iba a ir la vida” coordinando a todo el elenco y el equipo técnico a futuro.
Para ello, junto al productor Vittorio Farfán tomaron la decisión de fortalecer el proyecto con capitales personales y privados. Al mismo tiempo, la producción logró consolidar alianzas estratégicas con otras productoras que permitirían hacer el proyecto viable como miniserie, aún cuando eso significase sacar un capítulo del arco dramático y comprimir el material en 4 actos.

Antonia Bosman, Catalina en CYDONIA | Fotografía por Camila Morandé
En dicho período, además, mientras el mundo seguía medio detenido, I Dream dio otra vuelta improbable. El canal de YouTube DUST, referente mundial del contenido independiente de ciencia ficción y propiedad del estudio Gunpowder & Sky (mismo detrás de la película Prospect, lanzada en 2018 con Sophie Thatcher y Pedro Pascal), lo contactó para exhibirlo y distribuirlo en sus plataformas.
Después vino Rusia (donde incluso fue doblado al idioma), Corea del Sur y más territorios. Arriagada señala que nunca imaginaron que I Dream llegaría tan lejos. Y ese recorrido internacional reforzó otra vez lo mismo: CYDONIA podía ser un proyecto independiente, pero no necesariamente pequeño.
En paralelo, en tanto, ocurre el cambio más delicado del proceso creativo. Vivianne Dietz, por razones de fuerza mayor, se baja del proyecto en agosto de 2021, a meras semanas del inicio. Pero la serie no podía volver a congelarse. Y ahí, Antonia Bosman pasa de interpretar a Antonia, su tocaya en la ficción, a asumir el rol protagónico de Catalina.
Jota recuerda la transición como un golpe emocional y un switch profesional al mismo tiempo. No lo maquilla: “Yo, ahí, no quise pensar en la serie como por una semana, no quise saber nada”. Sin embargo, en lo que él mismo describe como un “acto de empoderamiento y valentía absoluta”, Bosman decidió pasar al frente y apropiarse del rol que antes había sido asignado a su amiga.
En ese proceso, el director destaca el ajuste rápido de la actriz y lo verbaliza en una frase que se repite durante la conversación: “La Anto hizo el giro súper rápido, le dio una vuelta”. Y mirándola, agrega: “No sé cómo lo hiciste, en realidad”.
Ella responde con una sonrisa.
La transformación de Antonia Bosman en Catalina
Desde un salón del Hotel Meridien de Santiago, mismo lugar donde se realizó el lanzamiento de CYDONIA en 2024, Antonia Bosman relata, en primera persona, cómo fue su incorporación a una serie que define por su ambición técnica y por el carácter independiente de su producción. Su experiencia, según cuenta, estuvo marcada por tres factores: una entrada temprana al proyecto, un cambio de rol “contra el tiempo” y un rodaje concentrado que exigía actuar sin tener siempre claridad del resultado final.
Bosman describe ese periodo como de alta exigencia, con poco tiempo de preparación y jornadas extensas. “Era súper, súper agotador”, dice, y agrega que “el tiempo de preparación fue muy corto”, lo que abría dudas prácticas (“Chuta, ¿cómo lo voy a hacer?”). La intensidad del rodaje también fue un factor. “Se grabó muy poco tiempo y estuvo todo muy concentrado”.
En términos de contenido, detalla que la carga combinó acción e intensidad emocional: “Había muchas escenas de acción” y “harto llanto”. Sin más, asegura que “lo definiría como uno de los proyectos más intensos” que ha tenido a lo largo de su carrera.
Además del esfuerzo en set, Bosman subraya el componente estructural: CYDONIA no era una producción con soporte de estudio o canal, sino una realización independiente y a través de coordinación al límite. “Fue todo súper autoproducido y tuvimos que rodar en el menos tiempo posible, en la misma sintonía de apañar al otro”.
Compara la seguridad relativa de trabajar con el soporte de un canal de televisión, por ejemplo, con lo que vivió aquí: “Esto es irte a ciegas”, admite. Aún así, reitera que su motivación fue avanzar “porque confiaba en el proyecto”.
Parte de esa apuesta se sostuvo también por lo que el equipo le mostraba del potencial técnico. Bosman dice que, aunque al comienzo podía no comprender del todo la historia, sí entendía que había un lenguaje visual distinto. Y suma un elemento que para ella fue decisivo cuando empezó a ver avances: “Cuando empecé a ver los efectos especiales que hace el Jota, quedé loca. Realmente es algo que no había visto nada igual acá en Chile”.
Ese nivel de postproducción, explica, se tradujo en una forma de actuar diferente: ejecutar escenas sin visualizar el resultado final. “Uno no está acostumbrado a grabar mundos distintos”, dice, y ejemplifica con la premisa narrativa en la que la protagonista, Catalina, viaja por el tiempo. En ese método, añade, el sentido del relato se completa recién con el montaje: “Es complejo de entender y necesitas verlo como plasmado y ya editado”.
Por eso, describe la experiencia de grabar sin continuidad emocional evidente: “Yo grababa una escena donde estaba en este mismo lugar llorando y después la misma escena y yo riéndome”, y el desconcierto que le quedaba entre tomas: “Entonces era como, ¿qué va resultando?”.

Antonia Bosman y Juan Pablo Arriagada | Camila Morandé
Esa conexión, admite, tiene un doble filo: ayuda a empujar el estándar, pero también puede provocar choque cuando ambos buscan “la manera perfecta”. El aprendizaje fue soltar control y confiar en la arquitectura de su director. “Soy una persona que necesita saberlo todo”, reconoce. Pero en CYDONIA tuvo que cambiar el enfoque: “Soltar ese control” y decir: ‘Okay, él sabe lo que está haciendo’”.
El elenco definitivo de la miniserie estaría conformado por Antonia Bosman, Fernanda Finsterbusch, Blanca Lewin, Eyal Meyer, Alejandra Araya, Orlando Alfaro, César Sepúlveda, Andrés Jorquera y Giordano Rossi. El rodaje, en tanto, se concretaría en septiembre de 2021, 15 días de grabación y 3 de reshoots, jornadas durísimas y poco descanso. Arriagada cuenta que llegó a dormir 5 horas en una semana.
La preparación física fue un capítulo aparte. Hubo entrenamientos de artes marciales con foco cinematográfico, más cerca de una pelea “tipo The Raid”, como describe, que de un estilo tradicional.
El maestro fue el Shidoshi Frank Denis, instructor 5to Dan en Artes Marciales Bujinkan y Ninjutsu, amigo de Arriagada desde el colegio. La lógica del trabajo, en tanto, era casi quirúrgica. Arriagada editaba “videos” de coreografías de combate de referencia, armaba una secuencia, se la mostraba al maestro y le pedía traducirla a movimientos realizables para los actores. “Esto es lo que yo quiero, pero tradúcelo a lo que los chiquillos pueden hacer”, recuerda haberle planteado.
Bosman, que ya tenía experiencia deportiva y artes marciales, subraya una diferencia que se aprende a porrazos.
En el ring, el golpe es en serio. En cámara, en tanto, es ángulo, distancia y timing.
“Ver el ángulo donde la cámara va a tomar para que se vea real”, dice, es parte del oficio que se aprende haciendo. Esto sumado al talento de Eyal Meyer, experto en kalaripayattu, arte marcial de origen indio. Dicho tridente ayudó a dar fluidez a los complejos combates cuerpo a cuerpo entre Bosman, Finsterbusch y Meyer, bajo la supervisión del shidoshi y las instrucciones de Arriagada. Este último afirma que, una de las razones por la cual se fijó en Meyer fue, sin duda, por sus “extraordinarias habilidades en el campo del combate cuerpo a cuerpo”.
Además, afirma haber estado “seguro” de que eso ayudaría a crear el personaje que tenía preparado para él.
Los desafíos técnicos, paso a paso
En lo técnico, Arriagada negocia con GECO Films, de Gerardo Campos, para acceder a equipamiento de alta gama. Mediante esta alianza y la pasión de ambos por el cine de ciencia ficción, Arriagada podría complementar su set de cámaras Sony fuertemente equipadas. Entre ellas, incorpora la Phantom Flex al set, herramienta que le permitiría registrar en una velocidad de hasta 1000 fps las intensas coreografías y secuencias de acción o tiroteos, mientras que las peleas se graban a 59,976 fps para lograr mayor fluidez.
El arsenal tecnológico se armó con ópticas de PL de cine, y fue complementado con iluminación de Trippas Producciones y equipos liderados por Vittorio Farfán, quien, además, estaría a cargo de la fotografía de los reshoots.
Las locaciones también muestran el mapa real del proyecto. Por restricciones de la pandemia, muchas cosas que querían hacer en Chillán tuvieron que moverse. Grabaron en la Región Metropolitana: Viña Ballek de Isla de Maipo, sectores de Las Condes, la Comunidad Ecológica de Peñalolén, la librería Libros de Ocasión en San Diego y el Hospital San José. Los exteriores se capturaron a través de drones, vehículos en movimiento y traslados llevados a cabo en Chillán, Región de Ñuble. Toda la filmación se tuvo que adecuar al escenario de aquel momento, lleno de restricciones y el riesgo constante del COVID, cuya transmisión podía comprometer al equipo completo.
Terminada la grabación, viene el tramo más largo y solitario. Postproducción total, con años de edición, VFX y composición, diseño sonoro, color y correcciones. Un proceso donde Arriagada se describe “cubriendo casi todas las áreas”. Dice no contarlo “como hazaña heroica”, pero sí destaca que fue “un constante aprendizaje donde la evolución de la tecnología fue un factor fundamental para realizar tomas de alto estándar en fotorrealismo”.
Antonia Bosman cuenta que antes necesitaba ver rápido lo que grababa y que, con CYDONIA, tuvo que aprender a manejarlo. “Si yo tengo ansiedad de ver el producto final, no me imagino el Jota”. Su decisión, afirma, ha sido acompañar el proceso sin presionar, incluso si el calendario se extiende. “Estoy contigo y vamos pa’ delante. Y si lo querís lanzar entre años más, vamos, voy a estar ahí igual”. Terminó por asumir la espera como parte del camino del proyecto: “Va a salir cuando tenga que salir”.
Arriagada, por su parte, utilizó desde CG, After Effects, Digital Matte Painting hasta inteligencia artificial (IA) para crear planos detalles, y digital face replacement para mejorar o crear tomas que no fueron realizadas. Además, había una libertad creativa sin barreras, donde incluso existen secuencias completas que finalmente no fueron incluidas en el corte final. “Mi autoexigencia es implacable, y si tengo que cortar algo que me tomó semanas en hacer, lo hago. Hay que aprender a dejar ir lo que no funciona”, afirma con certeza.
Conforme a esta dinámica, cuando había que abordar un proyecto de carácter laboral la postproducción debía ser pospuesta, a veces por meses si era necesario.
La fase del sonido era otro desafío que debía ser resuelto. En 2024 conocen a la Fundación CRTIC, enfocada en proyectos tecno-creativos que cambiaría el curso de CYDONIA.
Según Erika Casas, quien es parte del equipo de producción y gestión, el contacto nace porque el equipo “la encontró por internet” y literalmente, fui a golpear la puerta de su oficina en el Movistar Arena junto a Mauricio Catalán, también parte del equipo de producción. La conexión tuvo sentido por varias razones a la vez. Uno, porque Cydonia vive de tecnología, VFX e incluso herramientas de IA. Dos, porque su estudio de trabajo con Dolby Atmos 7.1.4 y el sonido inmersivo era el cuello de botella final. El proyecto interesó inmediatamente al jefe de emprendimientos Esteban Ruiz-Tagle, la directora ejecutiva Isidora Cabezón y al jefe de tecnología Alejandro Gandarilla.
Ahí, se postulan a un programa de residencias y el proyecto queda seleccionado. En 2025, la residencia incluye clases y capacitaciones en formulación, pitch, IA y herramientas como Unreal Engine. Pero el foco real, en lo práctico, era directo, el Sonido Dolby Atmos donde la ingeniera en sonido Javiera Palominos toma un importante protagonismo
Arriagada dice que el hecho de que ella “se enamorase del proyecto” fue determinante. “Creamos un flujo de trabajo InHouse que permitió realizar todo el diseño sonoro desde nuestras oficinas particulares y llegar al estudio con todo el sonido prácticamente armado”, dice. Eso permitió optimizar al máximo nuestro tiempo y realizar tareas precisas para cerrar el sonido inmersivo, “dándole los toques necesarios en una infraestructura de alto estándar para lograr un acabado de altísima calidad”.
Arriagada lo entrega organizado, limpio y etiquetado, complementado por un potente soundtrack internacional compuesto por Winters of Blue, de Camilia Valenzuela, quien está a cargo del opening de la serie; la banda de rock progresivo Aisles; Frank’s White Canvas, quienes acaban de lanzar su nuevo álbum This Will Hurt, This Will Heal; el post rock de Last Leaf Down y la potencia técnica de All Tomorrows, recientes ganadores del Premio Pulsar a Mejor Álbum de Metal.
Arriagada señala que “todas las bandas tuvieron un enorme compromiso con CYDONIA. Camila Valenzuela creó un tema especialmente para la serie, Francisca Torés y Karin Aguilera, de Frank’s White Canvas, pusieron toda su música a disposición. German Vergara, Pepe Lastarria, Bejamin Schenk, todos fueron muy gentiles”.
Hoy, CYDONIA no solo se proyecta como una realización artística. “Apuntamos a generar un producto de entretención con potencial escalable”, afina Arriagada.
Falta el salto de distribución y, con él, recursos para detalles que permitan a la miniserie emigrar fuera de Chile. Doblaje neutro, en inglés y una cadena de distribución con la que un proyecto regional no cuenta por defecto. “El arte es una industria. Y CYDONIA también apunta a serlo”, expresa. “Para mí, es como construir un edificio. Ya hicimos uno, pero la idea es poder seguir haciendo más y mejores edificaciones”.
Bajo la percepción de Arriagada, eso no solo hace atractiva la serie como una propuesta de entretención, “sino que también puede ser una importante oportunidad de crecimiento, donde el hecho de poder seguir haciendo crecer este proyecto puede generar nuevas oportunidades profesionales, descentralización y expansión. Desde nuevas temporadas, spin offs, etcétera”, relata. “Para que todo funcione, la expansión se verá en el momento oportuno. Pero estamos preparados para más, esto recién comienza”, adelanta el cineasta.