Por Fresia Soltof

Hace 20 años, María José Prieto, actriz nacional, fue a una clase de yoga motivada por su marido, Cristián Campos. La práctica era de Olga Madariaga, una profesora que la impulsó más adelante a ser instructora y que la ha tenido los últimos ocho años enfocada a sacar muchas certificaciones de distintos profesores del mundo.

“Me obligó a ir, porque yo tenía muchos prejuicios y la verdad es que salí de la clase con un antes y un después”, recuerda ahora María José Prieto, actriz e instructora de yoga. “Yo estaba acostumbrada a hacer mucho deporte al aire libre y otros más extremos, pero con el yoga me pasó algo a nivel emocional, no sólo físico, que no me había pasado con otras disciplinas. Me di cuenta de que el yoga es mucho más que las meras posturas y ahí me puse a estudiarlo”, agrega.

—¿Por qué decidiste abrir un canal en una red social tan popular como YouTube?

—La plataforma de YouTube (se puede ingresar desde Instagram) la construí a pedido de muchas personas que me insistían en que las ayudara con clases online. Las clases en vivo que hago en Instagram no quedan grabadas y muchos no podían conectarse a la hora en que las realizaba.

—¿Has visto más interés por practicar esta disciplina?

Sí, he visto harto interés en estos días y me hace mucho sentido, porque el yoga es sabiduría de acción. Tenemos esa quietud y esa limitación de lugar, de estar encerrados, sobre un mat que implica muy poquito espacio. En este contexto, podemos hacer los movimientos desde el cuerpo y por el cuerpo – y no para el cuerpo – porque el yoga es para la mente.

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Cuando María José Prieto habla del yoga, se refiere a su origen y a la relación que tiene con el budismo. “No apela a ninguna religión, pero habla de la liberación del sufrimiento. Aquellas personas que están muy angustiadas y viviendo momentos complejos”, explica.

—¿Qué recomendarías a aquellos que no están acostumbrados a la actividad física pero que necesitan una salida o manejo de ansiedad?

—Les recomendaría que le den una oportunidad al yoga, que vayan probando distintas clases y personas que hoy están dando. Es algo bien de piel, de expertise y de métodos. Ahstanga, por ejemplo, que es una postura tras otra, es ideal para cuerpos más jóvenes, que puede saltar sin lesionarse. Está el Iyengar, para alinear la articulación con el hueso, donde uno va precisando con mucha instrucción cada postura, cada asana, y eso hace enfocarte en lo que dice el maestro o el instructor.

Eso te hace olvidar la ansiedad, la preocupación o el miedo que estaban sintiendo. Sólo te enfocas en ese momento preciso de la práctica, llevando tu cuerpo a hacer esa postura. Entonces logras aquietar la mente, que es el fin último del yoga. Al hacer la postura savasana (postura del cadáver), podemos comenzar a meditar o vislumbrar ese estado de samadhi (cuando la persona siente que se está fundiendo con el universo).

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—¿Cómo estás enfrentando tú esta crisis?

—Con buenos ojos. Encuentro espantoso lo que pasa en el mundo a nivel de muertes, de manejo de la crisis de algunos países, líderes de opinión muy nefastos, muy egóticos, y creo que la gente se está dando cuenta de eso. Ya que nosotros no pudimos parar a tiempo. Este mundo ya nos estaba gritando hace rato que teníamos que hacer un giro, y bueno, el mundo se encargó de hacerlo por nosotros y nos tiró a hibernar para que se pueda arreglar un poco todo el tema de la naturaleza y el biorritmo. Y nosotros mismos estamos cambiando la vida que teníamos, con costalazos, pero es la forma de aprender.

Yo estoy en eso, encuarentenada. Tengo una hija y por eso creo que el sistema educativo está complejo de llevar, porque se está enfocando más en cómo hacer que aprendan las cosas que le tocan por su año escolar, en vez de contener a los estudiantes psicológicamente. Con los papás en la casa “brujeando a los niños” para que hagan las tareas de turno. Pero creo que es bonito estar enfocados en familia para tener momentos de reflexión y momentos de unión. Y claro, hay de todo, también hay momentos de pataletas, pero tenemos que enfrentarlas de manera más pensada y más luminosa. Por eso creo que las clases online, lo que sea, de baile incluso, que pueda conectarse con su cuerpo, les va a hacer muy bien. Desde lo físico logramos aquietar la mente.

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