Columna de opinión de Nicolás Navarrete: Necesitamos pensar al 2050

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Hay una pregunta que nosotros y la política chilena dejó de hacerse hace algún tiempo: ¿qué país queremos ser? La respuesta honesta es que no lo sabemos, o al menos no de manera colectiva, porque no lo hemos pensado. Y eso al progresismo le ha costado caro.

En diciembre de 2025, como sector sufrimos la derrota electoral más amplia desde el retorno a la democracia. No fue un accidente ni un mal día. Antes vino el rechazo de 2022, y ambos reflejan una distancia que se fue ensanchando entre nuestro sector y amplios grupos del país en temas que no tienen nada de abstractos: la seguridad, la migración, el crecimiento y la vida cotidiana.

Pero lo que ocurre en Chile no es una excepción. Es cosa de mirar a nuestros vecinos en este continente (Argentina, Perú, Brasil), e incluso a Europa. Y es que detrás de las derrotas electorales progresistas en el mundo hay algo más hondo: una crisis de sentido. Partidos que se refugiaron en el Estado, que dejaron de hablarle a las personas que viven en poblaciones y que no lograron ofrecer un relato de esperanza y futuro creíble frente a la globalización, la precarización del trabajo, la revolución tecnológica y la crisis climática. Mientras tanto, las derechas radicales supieron leer el malestar y profundizaron miedo.

Hay una causa que amplifica esto y que los partidos rara vez admiten: vivimos atrapados en la urgencia de la coyuntura y del calendario electoral. Dejamos de pensar el futuro y nos limitamos a administrar el presente. Quien solo administra el presente termina, tarde o temprano, siendo administrado por él.

Por eso el PPD tomó una decisión a contracorriente y este 5 de octubre puso en marcha el Consejo Estratégico “Ricardo Lagos Escobar”, Chile 2030–2050, y a la Fundación por la Democracia le corresponde darle el soporte técnico y metodológico a esta discusión. Quiero explicar por qué este ejercicio importa, y no solo para nuestro partido.

Primero, porque cambia la pregunta de partida. En vez de empezar por el programa, o la lista de programas sociales que queremos, comenzamos por la imaginación política. En los talleres que se harán en comunas de todo Chile, la pregunta de entrada que debemos responder es la siguiente: ¿Qué dice la prensa en 2050 cuando Chile llego a ser el país que tu sueñas? Esto obliga a decir qué queremos para nuestro país de manera concreta, qué hay que transformar y qué falta crear, para después a traducir ese sueño en metas concretas para 2030 y 2040.

Segundo, porque cambia quién conversa: el proceso parte en lo local, con militantes, simpatizantes e independientes de base en grupos pequeños, sube a las regiones y termina en un Consejo Nacional Estratégico en octubre de 2027. Es una apuesta deliberada por volver a escucharnos antes de hablar. Ningún partido tiene hoy todas las respuestas, y el que crea tenerlas solo muestra su ignorancia.

Tercero, porque nos obliga a una pregunta incómoda: ¿a quién representamos? Esto busca responder quién es nuestro votante imaginario, no como una lista de categoría, si no como seres integrales con miedos, sueños, esperanzas y condiciones materiales. Puede ser la trabajadora de aplicaciones sin seguridad social que sueña que sus hijos tengan un mejor futuro, el almacenero que cierra la cortina con miedo, pero lucha por su familia; o el joven que tiene miedo de no encontrar trabajo a pesar del esfuerzo de sus padres. Si no somos capaces de visualizarlos, tampoco seremos capaces de hablarles.

Y cuarto, porque las ideas no bastan si el partido que debe sostenerlas no está a la altura. Por eso el Consejo también revisa nuestra orgánica para hacerla más ágil, más cercana a las comunas y que premie el trabajo local y partidario por sobre otras cosas. Ese esfuerzo no es cosmético: la forma del proceso es también parte del ser.

Habrá quienes digan que, con todo lo que está pasando, no es momento de mirar a 2050. Esto es justo al revés. Cuando el presente aprieta es cuando más falta hace un horizonte. Sin él, cada crisis parece un hecho aislado y cada respuesta como un parche.

El PPD nació en 1987 porque supo leer su tiempo, su país, y crear la herramienta que ese momento exigía. El Consejo lleva el nombre de quien encabezó esa tarea, y nos pide hacerlo de nuevo. Pensar hoy el Chile de 2050 con esperanza no es un lujo de intelectuales ni un ejercicio de nostalgia. Es la única forma de no llegar tarde cuando llegue la hora de decidir.

Nicolás Navarrete,

Presidente de la Fundación por la Democracia

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