La escasez global de memorias RAM y almacenamiento, impulsada por el auge de la inteligencia artificial y el lanzamiento de hardware más exigente como el presentado en el CES 2026, podría encarecer computadores, celulares y otros dispositivos electrónicos durante los próximos años.
La industria tecnológica enfrenta una nueva presión estructural: una escasez global de memorias RAM y almacenamiento que ya comienza a impactar precios, disponibilidad de hardware y diseño de nuevos dispositivos. El fenómeno se cruza con el lanzamiento de productos de alto rendimiento presentados en el CES 2026, como las nuevas tarjetas gráficas GeForce RTX Serie 50 de NVIDIA, y abre interrogantes sobre el costo futuro de computadores, celulares y otros electrónicos de uso cotidiano.
Una escasez que vuelve y se proyecta por años
Tras un período de sobreoferta que marcó al mercado en 2023, los principales fabricantes de memorias redujeron producción para estabilizar precios. Sin embargo, la demanda repuntó con mayor velocidad que la capacidad de respuesta de la industria, dando paso a un nuevo ciclo de escasez tanto de DRAM (RAM) como de NAND, utilizada en discos SSD y almacenamiento móvil.
Ha trascendido que el principal responsable de esta escasez de hardware se atribuye al foco que empresas fabricantes de microchips, como NVIDIA, han volcado su enfoque a uno más empresarial, suministrando a distintas firmas de inteligencia artificial (IA) tarjetas que optimizan su desarrollo.
Analistas del sector estiman que las restricciones de oferta podrían extenderse al menos hasta 2027, mientras que una normalización completa del mercado recién se observaría hacia 2028. En ese escenario, la expectativa de bajas sostenidas de precios pierde fuerza y se consolida un entorno de costos elevados.
Un choque de realidad entre la CES y el mercado
La escasez se vuelve especialmente relevante tras el CES 2026, donde NVIDIA y sus socios presentaron una nueva generación de tarjetas gráficas GeForce RTX Serie 50, laptops con arquitectura Blackwell, monitores G-SYNC Pulsar y computadores de escritorio orientados a gamers y creadores de contenido.
Este tipo de hardware demanda grandes volúmenes de memoria de alto rendimiento, tanto en tarjetas gráficas como en sistemas completos. El avance de tecnologías como el ray tracing, la inteligencia artificial integrada y el uso intensivo de multitarea eleva el consumo de RAM por dispositivo, presionando aún más una cadena de suministro que ya opera con restricciones.
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¿16 GB de RAM no son suficiente para el consumidor?
A la presión del hardware se suma el software. Windows 11 estableció un nuevo estándar de consumo de memoria, con foco en seguridad avanzada, virtualización, aislamiento de procesos y funciones asistidas por inteligencia artificial. Aunque los requisitos mínimos permiten su instalación en equipos con configuraciones modestas, en la práctica muchos sistemas enfrentan degradación de rendimiento si no superan ese umbral básico.
Este aumento del “piso de memoria” vuelve más visible el impacto de la escasez: equipos nuevos salen al mercado con menos RAM de la ideal o con opciones de actualización limitadas, especialmente en laptops con memoria soldada. El gaming, el diseño y otros rubro que dan un uso intensivo a los computadores se han encontrado de cara que a veces 16 gb de ram ya no son suficiente y que es necesario ampliar a los 32.
El efecto de la crisis de memorias no se limita a computadores de escritorio o notebooks. La mayoría de los dispositivos electrónicos modernos —como celulares, tablets, consolas, televisores inteligentes y equipos conectados— dependen de distintos tipos de RAM y almacenamiento.
Frente a mayores costos de producción y una oferta restringida, los fabricantes enfrentan dos caminos: traspasar el alza a los precios finales o ajustar especificaciones para mantener valores competitivos. En ambos casos, el impacto llega al consumidor, ya sea a través de dispositivos más caros o de equipos con menor capacidad de memoria que envejecen más rápido.
La escasez ya influye en el diseño de nuevos productos. Para contener precios, algunos fabricantes optan por configuraciones más ajustadas de RAM o almacenamiento, lo que reduce la vida útil efectiva de los equipos. En el segmento portátil, la falta de opciones de actualización refuerza esta tendencia y limita la capacidad de adaptación del hardware a nuevas exigencias de software.
En paralelo, la expansión de centros de datos y el desarrollo de inteligencia artificial consumen volúmenes crecientes de memoria, compitiendo directamente con el mercado de consumo.
Un escenario que obliga a planificar
Con precios al alza y una escasez que no se resolverá en el corto plazo, expertos recomiendan mirar más allá del mínimo técnico al momento de comprar un dispositivo. Para usuarios y empresas, la planificación se vuelve clave en ciclos de renovación, presupuestos y elección de configuraciones que permitan enfrentar las exigencias de los próximos años.
Mientras la industria presenta innovaciones cada vez más potentes, como las vistas en el CES 2026, la disponibilidad de memoria se consolida como uno de los factores críticos que definirá el acceso, el precio y la experiencia tecnológica durante el resto de la década.