Columna de Mario Saavedra | La Isapre de los algoritmos: Bienvenidos a la pobreza digital

Por Mario Saavedra

02.03.2026 / 17:00

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Las grandes tecnológicas terminaron de apretar la tuerca. YouTube aniquiló los últimos trucos para saltarse los anuncios o escuchar música con la pantalla apagada sin pagar. Y las herramientas de Inteligencia Artificial que realmente sirven, pasaron a esconderse detrás de un peaje de 20 dólares mensuales.


Llegó marzo. Y con él, la cachetada de realidad que nos recuerda que todo en esta vida se paga, incluso lo que nos juraron que sería gratis para siempre.

¿Se acuerdan de esa utopía de los años noventa? Nos vendieron la pomada de que la supercarretera de la información iba a ser el gran ecualizador social. La biblioteca de Alejandría en el bolsillo. La Aldea Global. Un paraíso socialista de bits donde el hijo del gerente y el hijo del obrero tendrían exactamente el mismo acceso al conocimiento y a las herramientas.

Qué tiernos fuimos. Hoy, en pleno 2026, el internet libre y democrático está más muerto que el ICQ (I Seek You). Bienvenidos a la era de la segregación virtual. Bienvenidos al “Fonasa digital”.

Las grandes tecnológicas terminaron de apretar la tuerca. YouTube aniquiló los últimos trucos para saltarse los anuncios o escuchar música con la pantalla apagada sin pagar. Y las herramientas de Inteligencia Artificial que realmente sirven, pasaron a esconderse detrás de un peaje de 20 dólares mensuales.

Hemos construido un sistema de castas digital calcado de nuestra realidad física, pero con luces LED y suscripciones mensuales.

Piénsalo un segundo. Si hoy quieres aprender a destapar el sifón del lavaplatos viendo un tutorial, pero eres un “usuario básico”, tienes que comerte tres comerciales obligatorios de un tipo gritándote desde un auto arrendado que inviertas en criptomonedas, o el spot de una casa de apuestas de dudosa reputación. Eres un pasajero de la micro en hora peak, obligado a escuchar al vendedor de parches curitas porque no te alcanza para pagar el Uber. El que paga Premium, en cambio, viaja por la autopista concesionada, con el aire acondicionado al máximo y sin semáforos.

Pero donde la brecha se vuelve una tragedia griega es en la Inteligencia Artificial.

La IA nos prometió democratizar la productividad. Falso. La IA creó la Isapre de los algoritmos. El usuario VIP que paga su mensualidad tiene a su disposición un asistente brillante que redacta contratos, programa software sin errores y analiza datos como un ingeniero de la NASA.

¿Y el usuario de la cuenta gratis? Ese recibe al practicante de primer año que no durmió. Una IA que alucina, que te inventa leyes que no existen, que te suma mal el presupuesto y que, para rematar, te responde con tono condescendiente. Es la diferencia entre atenderte en una clínica privada del barrio alto o sacar número a las seis de la mañana en el consultorio para que te receten paracetamol digital.

Lo más irónico de todo es el discurso de Silicon Valley. Los mismos que se visten con poleras grises y hablan de “conectar al mundo”, terminaron construyendo el condominio cerrado más grande de la historia humana. Nos invitaron a pasar, nos dejaron decorar la casa con nuestras fotos, nuestros datos y nuestras vidas, y cuando ya estábamos cómodos, nos instalaron un torniquete con cobro automático en la puerta del baño.

La famosa nube nunca fue un espacio etéreo de libertad. Era simplemente el computador de un millonario gringo que ahora decidió cobrarnos arriendo por el espacio que ocupamos.

Así que este Súper Lunes, mientras miras tu pantalla llena de banners intermitentes y tu cuenta gratuita de chat te asegura que dos más dos es cinco, asúmelo. Volvimos al inicio. El internet de calidad hoy es un lujo de pocos. Y el resto de nosotros, los que no queremos sumar otra suscripción más a la tarjeta de crédito, estamos condenados a la clase turista de la web, peleando por las migajas de ancho de banda y masticando publicidad.