Columna de Mario Saavedra | El Lado Oscuro de la Ingeniería: Cómo los Locos Necesitamos un Soporte Invisible (y Rockstar) en Iquique

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Aterricemos el ego un segundo, sobre todo si andas con el cartón universitario colgado en la pared. Cuando el Colegio de Ingenieros invita a un absoluto y declarado NO ingeniero a dictar la charla principal en su día oficial, la ironía es sencillamente deliciosa. Y ahí fui, aterrizando en la Universidad de Tarapacá en Iquique, para plantarme en un entorno que para cualquier mortal del mundo audiovisual sería un desafío paralizante. Me tocó moderar un plenario rodeado de ingenieros máster y doctorados que hablaban con pasión de electromovilidad, hidrógeno limpio y la tensión exacta de las correas transportadoras. Francamente, por un momento me sentí colado en un seminario secreto de la NASA, pero para mi sorpresa y alivio, me atendieron como rey, casi como si un rockstar hubiera pisado el campus.
Mi misión allí era hablar de algo que bauticé como “El Lado Oscuro de la Ingeniería”. Y ojo, no lo digo porque anden planeando dominar el mundo desde un sótano con poca luz, sino porque su trabajo es esa arista invisible, silenciosa y absolutamente fundamental que permite que los creativos no terminemos quemando el edificio con nuestras ocurrencias. Los que trabajamos en medios y desarrollo de contenidos somos expertos en soñar locuras. Un productor creativo se despierta un martes, llega a la oficina y dice: “Quiero una plataforma inmersiva que transmita en 8K desde la luna”.
Todo se ve hermoso y muy vanguardista en el Keynote (no uso powerpoint). Pero es el ingeniero, desde ese lado oscuro y sin reflectores, quien tiene que suspirar, tomarse un litro de café negro y calcular cómo hacer que esa brillante idea no haga explotar los servidores al tercer clic del usuario.
La relación es simbiótica y casi cómica. La ingeniería es el técnico de la Fórmula 1 y nosotros los creativos somos el piloto estrella posando para la foto con el trofeo; pero sin ese equipo técnico diseñando la aerodinámica y ajustando las tuercas para que la máquina no se desintegre a 300 kilómetros por hora, el piloto estaría empujando el auto con los pies como Los Picapiedras. Ustedes construyen la pista de aterrizaje para nuestras naves espaciales imaginarias.
Un ejemplo clarísimo de esto es lo que vivimos con Hobbika TV. Nuestro nuevo canal nació literalmente de la pasión, como un proyecto en nuestros tiempos libres para darle un refugio a los nichos. Pero la creatividad y las ganas por sí solas no levantan una señal de televisión. Para que Hobbika TV pasara de ser un lindo capricho de fin de semana a una realidad palpable, necesitamos de ese soporte invisible: arquitecturas de datos, flujos de transmisión y herramientas sólidas que sostuvieran nuestras locuras.
Sin la ingeniería detrás, nuestras grandes ideas serían solo eso, un montón de buenas intenciones muriendo lentamente en una celda de Excel.
Por eso, esta experiencia de cruzar la frontera hacia el mundo de los números exactos fue tan vital. Quiero agradecer profundamente a Javier Jaiña, presidente del Colegio de Ingenieros de Chile, zonal Iquique, y muy especialmente a Boris Villalobos, director del Colegio y un amigo entrañable. Boris siempre ha confiado en mis conocimientos, apostando por sacarlos de la cómoda burbuja santiaguina para compartirlos con el fin de apoyar la descentralización y el enorme talento local que hay en la región de Tarapacá. Compartir escenario con mis estimados “no colegas” de ese día y sentir el genuino respeto de un público tan analítico fue un privilegio absoluto que me llevo guardado.
Puedo decir con total propiedad que este fue uno de los mejores seminarios que se han realizado en la región. Me fui con la profunda convicción de que necesitamos multiplicar estas instancias, seguir empujando a las regiones, descentralizar la discusión y mezclar mundos que parecen tan distantes para compartir conocimiento de verdad, algo para lo que yo siempre estaré disponible.
Y bueno, descubrí que los ingenieros no son tan cuadrados como dice el mito urbano… o quizás sí lo son, y bendito sea el cielo por eso, porque alguien tiene que mantener las paredes firmes y los ángulos perfectamente rectos mientras nosotros, los locos, intentamos pintar el techo de colores.
Finalmente, sigo afirmando que la interfaz seguirá siendo humana. Lógica o creativa.

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