Beto Cuevas recuerda la muerte de Andrés Bobe: “Nunca había visto un cuerpo sin vida y la primera vez que vi uno fue el de mi amigo”

Por CNN Chile

26.04.2026 / 22:30

En CNN Íntimo, el músico hace un repaso por su carrera, tanto en La Ley como solista, reflexiona sobre el ser inmigrante y aborda algunos momentos que marcaron su vida.


Luis Alberto Cuevas Olmedo nació en Santiago, pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia fuera de Chile. Su regreso al país, a fines de los años 80, lo encontró sin un rumbo claro en la música y con intereses más bien ligados a otras áreas.

Todo cambió en 1989, cuando se integró a La Ley: La banda buscaba un vocalista y encontró en él una figura que, además de asumir ese rol, también contribuiría a definir su identidad. Con el tiempo, su participación fue creciendo hasta convertirse en uno de los ejes del grupo.

Tras la muerte de Andrés Bobe, asumió un rol más protagónico en la conducción artística de la banda. Bajo esa etapa, La Ley consolidó su éxito tanto en Chile como en Latinoamérica, posicionándose como una de las agrupaciones chilenas más influyentes de su generación.

El receso del grupo en 2005 marcó el inicio de su carrera solista y de un periodo de experimentación. Aunque hubo un breve regreso de la banda, su disolución definitiva en 2016 cerró ese ciclo, dando paso a una etapa enfocada 100% en su desarrollo artístico individual.

“Tuve la suerte de que en ese momento (1989) La Ley justamente estaba buscando un cantante (…). Nunca me dijeron que yo era el cantante de La Ley, nunca nadie me dijo bienvenido (…) quedé simplemente”, recuerda Cuevas en un nuevo capítulo de CNN Íntimo con Matilde Burgos.

“La puerta abierta de una nueva era” y el dolor de la despedida

La historia musical de Beto Cuevas inicia con una serie de decisiones y coincidencias que terminaron por definir su rumbo. Su llegada a La Ley, a fines de los años 80, estuvo lejos de ser un proceso formal: “Tuve la suerte de que en ese momento justamente estaban buscando un cantante; mi hermana vivía acá y le contaba a todo el mundo que yo era un gran cantante y de alguna manera me acercó a Mauricio Claveria, quien me llevó a conocer a la ley”.

“Me pasaron música de La Ley, me dijeron ‘apréndete estas canciones’, un par de semanas después hice una audición y lo más divertido de todo es que nunca me dijeron que yo era el cantante de La Ley, simplemente me dijeron ‘sigamos ensayando mañana y pasado mañana’ y seguimos ensayando y nunca nadie me dijo ‘bienvenido, eres el cantante de La Ley’, quedé simplemente y de esa manera empezó la historia de la banda”, agrega.

En este sentido, recuerda su sintonía con Andrés Bobe. “(Nuestra dupla) fue maravillosa, espectacular, porque me gustaba mucho todo lo que estaba aprendiendo acerca de la música. Andrés era una persona muy completa (…), hacía muchas bases musicales muy interesantes, algunas más completas que otras, pero era muy lindo y me abrió la posibilidad de crear con mi voz, que era mi único instrumento en ese momento, líneas melódicas y eventualmente letras”.

Desde ese inicio, Cuevas no se limitó al rol de vocalista, ya que rápidamente buscó involucrarse en el proceso creativo. “Muy patudamente le digo a Andrés: ‘Si quieres que sea cantante de La Ley, debes dejar que por lo menos proponga una melodía y una letra, porque yo no soy un intérprete, soy un creativo. Él me debe haber encontrado patudo, pero algo de eso le tiene que haber gustado, porque me dijo ‘ok entonces hazle una melodía y una letra a esta canción'”.

Ese vínculo creativo con Bobe fue determinante en la construcción del sonido del grupo, pero su muerte 1994 interrumpió ese proceso de manera abrupta, dejando una huella profunda en lo personal y artístico. Cuevas fue quien tuvo que reconocer su cuerpo tras el accidente. “Nunca en mi vida había visto un cuerpo sin vida y la primera vez que vi uno fue el de mi amigo (…). Lo reconocí por sus manos, porque siempre le miraba las manos cuando tocaba”.

“Yo le miraba las manos cuando tocaba, cuando hacía acordes, y eso sembró la inquietud de que yo aprendiera a tocar un instrumento, la guitarra particularmente. Entonces recuerdo que esa noche había tres cuerpos de personas que habían fallecido; estaban todos cubiertos con una sábana blanca, pero la mano de Andrés sobresalía y yo, sin que lo descubrieran, dije: ‘es él’ y después lo descubrieron y, afortunadamente, él estaba bastante íntegro”, detalla.

Esta experiencia cambió su forma de entender la vida. “Me pasó algo con respecto a la vida cuando vi su cuerpo inerte; era él, era su cara, pero no era él a su vez, o sea, él no estaba ahí, era como ver una ropa en un gancho colgada, es un objeto, es una cosa que no tiene vida, solamente agarra vida cuando te pones esa camisa, ese pantalón, agarra tu personalidad; eso me pasó con el cuerpo de Andrés, eso a mí me reforzó la idea de que existe el alma“.

Ser inmigrante y el mundo polarizado

La identidad de Cuevas está atravesada por la experiencia migratoria, ya que, antes de consolidarse en Chile, vivió en distintos países, enfrentando la sensación de no pertenecer a un lugar. “Algo nacía de mi corazón de conocer mi país porque yo en Canadá era el inmigrante, el importado, sobrenombres y cosas así entre amigos; no era un acoso maligno, pero no sabía y no sentía lo que era pertenecer a un lugar, entonces quería conocer mi país en ese sentido”.

Vengo de una familia inmigrante y vivo en un país que se formó con extranjeros (…). Creo mucho en el concepto de ese país, pero también soy muy crítico respecto a estas personas que piensan que ellos son los dueños del país, siendo que los verdaderos originarios del país son los autóctonos, los apaches, los siux, todas esas personas. Creo que es importante, cuando se presentan esas situaciones, poderse expresar, evidentemente sin violencia”, afirma.

Al ser consultado respecto a las personas que no se atreven a hablar español en Estados Unidos, incluso teniendo los papeles, debido a la situación que se vive actualmente, afirma: “Yo hablo en español cuando quiero, en público. Soy Beto Cuevas en Chile y en Latinoamérica, pero en Estados Unidos soy una persona normal y si alguien me escucha hablar español y me dice cualquier cosa, pues le contestaré como tenga que contestarle, con respeto evidentemente”.

“El líder de gobierno en EE. UU., que prefiero no decir su nombre porque me lo prometí hace un tiempo atrás, apela justamente a un sector de la población que es principalmente ignorante y que le cree todas las cosas que dice, que no todas son ciertas, muchas son inventos simplemente (…). Él puede ser políticamente incorrecto y eso lo hace más popular , PERO cuando una persona normal dice algo incorrecto, puede ser cancelada en redes”, agrega.

Es un mundo bastante incierto en ese sentido, pero pienso que uno puede aprender de esta incertidumbre y yo me inspiro para decir cosas, ya sea a través de mis canciones o a través de mis cuentos, de esta situación que está aconteciendo. Espero que eventualmente haya gente influyente en los gobiernos que pueda darle un grito de esperanza a las personas más oprimidas, que haya más justicia en ese sentido y que todo sea un poquito más amable porque es un país que está muy polarizado y el mundo en general está muy polarizado“, reflexiona.

—¿Ves en Chile también la polarización?
—Sí, hay mucha polarización en Chile, por supuesto. Habrá muchas razones por las cuales existe esa polarización, pero me parece que tenemos que tratar de construir un país mejor a través de la tolerancia, a través del respeto y no a través de la violencia; finalmente, eso no nos va a llevar a ningún lado.

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