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La subsecretaria de Educación plantea que "la prohibición y regulación del uso de dispositivos móviles en el aula es un paso concreto para proteger los espacios de interacción y de aprendizaje".
La convicción profunda que orienta nuestro trabajo en educación es que todas y todos pueden aprender. Para que este principio sea real, debemos resguardar condiciones adecuadas para el aprendizaje, lo que implica hacernos cargo de los desafíos que hoy lo afectan, entre ellos, el uso extendido y -hasta ahora- desregulado de teléfonos celulares en las salas de clases.
Durante años la discusión estuvo abierta: ¿Incorporamos el celular?, ¿en qué casos?, ¿para qué fines? En el trabajo legislativo que abordamos como Gobierno existían siete mociones parlamentarias que buscaban regular esta materia, mientras que docentes, directivos y familias venían alertando sobre el impacto de su uso en la concentración, la convivencia y los aprendizajes.
La evidencia internacional es clara: en el último informe PISA de la OCDE, Chile aparece como uno de los países donde estudiantes de 15 años reportan mayores niveles de distracción en clases por el uso de celulares, sólo superado por Argentina y Uruguay. Esta distracción se reporta tanto por el uso de ellos mismos, (51% versus el 30% que promedia la OCDE) como de sus compañeros y compañeras, (42% versus el 25% que promedia la OCDE). Sabemos que cuando la distracción es frecuente, los aprendizajes disminuyen y las brechas se amplían.
El aprendizaje no ocurre en automático, requiere condiciones: atención sostenida, interacción significativa y un entorno que favorezca la concentración. Cuando esas condiciones se ven interrumpidas de manera constante, no tan solo el proceso educativo se resiente, también los vínculos, las interacciones y la convivencia educativa.
En este contexto, la Ley N° 21.801, publicada el 11 de febrero de 2026, y que modifica la Ley General de Educación fija una regla general clara: en el contexto educativo, el uso de dispositivos móviles personales está prohibido, y regulado bajo excepciones, durante las actividades curriculares. En esa línea, reconoce las distintas etapas del desarrollo: en educación parvularia la prohibición es total, porque es una etapa donde el aprendizaje ocurre principalmente a través del juego, la interacción y el vínculo humano. En educación básica y media también rige la prohibición, pero con excepciones claras y fundadas: situaciones de salud acreditadas; apoyos para estudiantes con necesidades educativas especiales; emergencias; si es útil para la enseñanza cuando la actividad curricular lo requiera; y solicitudes fundadas por razones de seguridad, autorizadas por la dirección del establecimiento.
Este marco reconoce también la realidad digital en la que vivimos, incorporando la educación digital como un principio orientador para un uso responsable y seguro de la tecnología, con el objetivo de que los dispositivos móviles estén al servicio del aprendizaje, promoviendo condiciones que favorezcan la concentración, la convivencia y el bienestar socioemocional. Con ese horizonte, es que lanzamos la campaña “Modo Aula”, que en este nuevo inicio de año educativo invita a las comunidades educativas a reconectar con la experiencia formativa: aprender junto a otros, jugar, dialogar, moverse, estar presentes: activar el Modo Aula es una invitación a poner en el centro lo que da sentido a toda comunidad educativa: el vínculo entre personas que está a la base del proceso educativo.
Si tenemos la convicción profunda de que todas y todos pueden aprender, no podemos ser indiferentes frente a condiciones que dificultan la concentración, fragmentan la experiencia educativa y afectan especialmente a quienes más necesitan que la escuela sea un espacio de bienestar, aprendizaje y desarrollo integral.
Es por esto que la prohibición y regulación del uso de dispositivos móviles en el aula es un paso concreto para proteger los espacios de interacción y de aprendizaje. “Activar el modo aula” es, en el fondo, reafirmar una convicción profunda: cuando cuidamos el espacio educativo, ampliamos las oportunidades para que todas y todos puedan aprender.
*Alejandra Arratia Martínez, subsecretaria de Educación.
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