(CNN Español) — De pie sobre un camión con altavoces el 16 de agosto, en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, el senador Flávio Bolsonaro lanzó oficialmente su campaña, abordando la inevitable comparación con el hombre cuyos pasos intenta seguir.
“Sé que ustedes me están mirando ahora mismo y pensando en alguien”, dijo ante los miles de simpatizantes reunidos en la ciudad donde comenzó su carrera política. “Sé que me parezco a él, pero es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”.
La referencia al futbolista más famoso de Brasil provocó risas, pero capturó el desafío en el centro de la candidatura presidencial de Bolsonaro: cómo capitalizar las similitudes con su padre y al mismo tiempo convencer a los votantes de que un Bolsonaro diferente puede heredar el movimiento construido en torno a él.
El parecido físico es evidente. Flávio comparte con su padre los ojos claros, el cabello oscuro, los rasgos marcados y algunos gestos al hablar. Pero, mientras hace campaña para suceder al hombre que transformó a la derecha brasileña, ha tenido dificultades para conectar con los votantes de la misma manera que su padre.
Por eso, durante buena parte del mitin, escapar de la sombra de Jair Bolsonaro ni siquiera pareció ser el objetivo.
Flávio reprodujo grabaciones del expresidente, prometió continuar su legado y dijo haber aceptado con “humildad” la misión que le encomendó su padre.
Condenado a más de 27 años de prisión por planear un golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022, Jair Bolsonaro ha confiado a Flávio la tarea de continuar su legado, mientras sostiene su inocencia y espera que el camino de su hijo hacia el palacio presidencial pueda conducir también a su propia libertad.
A sus 45 años, Flávio enfrenta ahora una tarea que ni siquiera su padre pudo lograr: derrotar a Luiz Inácio Lula da Silva, quien, a sus 80 años, aspira a un cuarto y probablemente último mandato.
Pero, a pocos días de la primera vuelta, ambos candidatos enfrentan controversias — acusaciones de corrupción, disputas familiares y una creciente crisis institucional que alcanza al Supremo Tribunal Federal y a figuras de todo el establishment— mientras las encuestas muestran una contienda cada vez más ajustada.
¿Un Bolsonaro más moderado?
Flávio Nantes Bolsonaro nació en 1981 y es el mayor de los cinco hijos de Jair Bolsonaro. Abogado de profesión, fue elegido diputado estatal de Río de Janeiro con apenas 21 años, mucho antes de que el ascenso de su padre convirtiera el apellido familiar en una de las marcas políticas más poderosas de Brasil.
Cumplió cuatro mandatos antes de llegar al Senado en 2018, en las mismas elecciones en las que su padre ganó la presidencia.
Construyó su carrera política en Río de Janeiro —un estado con una larga historia de crimen organizado y violencia— concentrándose principalmente en políticas de seguridad pública de línea dura y en la defensa de policías y otras fuerzas de seguridad.
Sin embargo, Flávio es percibido como un Bolsonaro más moderado y conciliador. “Durante las distintas crisis del Gobierno de Jair Bolsonaro, Flávio aparecía como el miembro de la familia con cierta disposición al diálogo”, dijo Octávio Amorim Neto, politólogo y profesor de la Fundación Getulio Vargas.
Durante los repetidos enfrentamientos de su padre con el Congreso y el Supremo Tribunal Federal, Flávio cultivó relaciones con legisladores y actuó como un puente informal entre su padre y el Senado..
“Flávio tiene más tacto que su padre”, dijo Gilson Machado, exministro de Turismo de Jair Bolsonaro, quien conoce al expresidente desde la década de 1990 y a Flávio desde hace más de una década. “Escucha más”.
Machado, aliado de larga data de Bolsonaro, fue detenido el 13 de junio de 2025 como parte de una investigación sobre si había intentado ayudar al exayudante de campo de Bolsonaro y testigo clave en el caso del intento de golpe a obtener un pasaporte portugués y salir de Brasil. Su prisión preventiva fue revocada ese mismo día, aunque todavía enfrenta restricciones, entre ellas la retención de su pasaporte.
Machado dice que suele pasar las vacaciones con Flávio en el noreste de Brasil y que al senador le encanta pescar y es un apasionado del buceo. “Es un buzo intrépido. Baja a 30 metros de profundidad. Nunca había visto algo así”, dijo.
Machado también ofrece una mirada a una de las principales diferencias entre padre e hijo: el carácter más reservado de Jair frente a una personalidad más abiertamente afectuosa de Flávio.
“Bolsonaro nunca ha besado a sus hijos”, dijo. “Flávio, en cambio, besa a su hijo, ha besado a su padre. Es un estilo diferente”.
Pero un estilo personal más moderado no equivale a un proyecto político más moderado.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el aspirante presidencial derechista brasileño Flavio Bolsonaro saludan durante el lanzamiento de la candidatura de este último en la convención del Partido Liberal, en São Paulo, Brasil, el 25 de julio de 2026. NELSON ALMEIDA/AFP/AFP via Getty Images
En un discurso de 2007, Flávio defendió a las milicias que por entonces ampliaban su control sobre partes de Río, describiéndolas como una “nueva forma de hacer labor policial” que podía brindar seguridad allí donde el Estado había fallado, en lo que es ampliamente considerado uno de los episodios más controvertidos de su trayectoria.
“Como diputado estatal, condecoró a miembros de milicias”, dijo Amorim Neto. “Esa es una de las grandes manchas de su trayectoria, incluso a los ojos de la derecha”.
La línea dura contra el crimen es también un elemento central del movimiento de su padre, y Flávio la ha llevado al escenario nacional. Su campaña coloca la seguridad en primer plano, con promesas de reducir la edad de responsabilidad penal y endurecer la respuesta a los delitos violentos. En marzo, pidió que los grupos fueran clasificados como organizaciones terroristas y luego viajó a Estados Unidos en mayo para plantearle directamente el pedido a Trump, una medida rechazada por Lula y la izquierda, que la consideran una amenaza a la soberanía brasileña.
Cuando Estados Unidos anunció que los grupos recibirían la designación de organizaciones terroristas, Bolsonaro agradeció a Trump y al secretario de Estado Marco Rubio por lo que describió como una respuesta a su pedido.
El mensaje conecta con la principal preocupación de los votantes: una encuesta de Quaest de agosto mostró que el 33% de los brasileños consideraba la violencia como el principal problema del país, más del doble del porcentaje que mencionó la economía.
Un negocio familiar
Después de que la condena de Jair lo dejara fuera de la contienda, surgieron otros nombres prominentes para asumir el liderazgo de la derecha. Pero el expresidente presionó para mantener el legado dentro de su propio apellido.
“La política es el negocio de la familia Bolsonaro”, dijo Amorim Neto, y dos de los hermanos con mayor trayectoria política emergieron así como los principales aspirantes.
Eduardo Bolsonaro había construido el perfil internacional más fuerte entre los hermanos, cultivando vínculos con el movimiento MAGA en Estados Unidos y haciendo lobby ante el gobierno de Trump para que presionara al Supremo Tribunal Federal de Brasil por el caso de su padre. En julio de 2025, Trump calificó el proceso contra Jair Bolsonaro como una “caza de brujas” y anunció aranceles del 50% a las importaciones brasileñas. Cerca de un año después, la justicia brasileña condenó a Eduardo por coacción y le impuso una pena de cuatro años y dos meses de prisión. Permanece en Estados Unidos y corre el riesgo de ser detenido si regresa a Brasil.
“Eso dejó, en la práctica, a Flávio y a su madrastra, la ex primera dama Michelle Bolsonaro, como los principales aspirantes a heredar el liderazgo político de la familia”, dijo Amorim Neto.
Para el politólogo, la decisión final de Jair Bolsonaro fue privilegiar su propio linaje. “Terminó quedándose con el hijo mayor”, dijo.
Pero la transición no fue sencilla.
Flávio se enfrentó públicamente con su madrastra, la ex primera dama, una figura poderosa de la derecha brasileña.
Una disputa por alianzas partidarias estalló públicamente en junio, cuando Michelle publicó videos en los que acusó a su hijastro de humillarla políticamente durante una llamada telefónica. La ruptura fue especialmente delicada porque Michelle construyó una sólida red entre mujeres conservadoras y cristianos evangélicos, sectores clave para Flávio.
Flávio se disculpó y ambos se reconciliaron públicamente en julio tras semanas de esfuerzos de dirigentes del partido para contener la disputa. Para septiembre, Michelle había regresado a la campaña para apoyar a su hijastro, y pidió a su red de simpatizantes mujeres que ayudara a elegirlo.
Gilson Machado dijo a CNN que la relación entre ambos es ahora “la mejor posible”.
Pero el episodio dejó al descubierto una derecha fragmentada y un Partido Liberal dividido.
Un escándalo que alcanza a todos
La campaña enfrenta además otros problemas. Una extensa investigación por corrupción sobre el quebrado Banco Master se ha convertido en telón de fondo de las elecciones, al alcanzar a políticos de todo el establishment brasileño, incluido el Supremo Tribunal Federal, Lula y el propio Flávio.
Para Flávio, el escándalo inicialmente abrió una oportunidad para revivir una de las batallas más duraderas del bolsonarismo: su enfrentamiento con el Supremo Tribunal Federal, y en particular con el ministro Alexandre de Moraes, quien supervisó investigaciones clave que finalmente llevaron a la condena de Jair Bolsonaro. Desde entonces, los seguidores de Bolsonaro han retratado a Moraes como un aliado de Lula, aunque no fue designado por él ni pertenece a su partido.
Los investigadores descubrieron un contrato multimillonario entre Banco Master y un bufete propiedad de la esposa de Moraes, además de mensajes comprometedores que el presidente del banco envió a un contacto que había guardado bajo el nombre de Moraes. Aún no se ha probado que Moraes haya recibido o respondido los mensajes, pero las revelaciones dieron a la campaña de Bolsonaro suficiente munición para recurrir a uno de sus argumentos más habituales: que la izquierda, y cualquiera asociado a ella, es corrupta.
“Hoy tenemos a nuestro número 10 en la campaña”, dijo Machado a CNN. “Es Alexandre de Moraes”.
Luciano Da Ros, politólogo especializado en corrupción y en el sistema judicial brasileño, dijo que para la base bolsonarista el interés en la posible participación de Moraes va más allá de las elecciones.
“Esperan que esto eventualmente permita revertir la condena o anular su actuación en el caso por razones procesales”, dijo.
Pero en los últimos días, el escándalo también ha alcanzado a Flávio.
El Supremo Tribunal Federal abrió en julio una investigación sobre el senador por presunta corrupción y lavado de dinero vinculados al financiamiento de Dark Horse, una película sobre Jair Bolsonaro, por parte de Banco Master. Flávio ha negado haber cometido irregularidades y dijo que sus vínculos con Daniel Vorcaro, expropietario del Banco Master, estaban relacionados con la película.
Bolsonaro más allá de Jair
Si es elegido, es poco probable que terminen los enfrentamientos con el poder judicial. Flávio ha prometido buscar una amplia amnistía para su padre y otros condenados por el intento de golpe, y utilizar el indulto presidencial si el Congreso no actúa.
“Eso significaría otra enorme crisis con el Supremo Tribunal Federal”, dijo Amorim Neto.
También se espera que un eventual gobierno de Flávio mantenga buena parte del alineamiento internacional de su padre, especialmente con Estados Unidos.
“El bolsonarismo está íntimamente ligado al MAGA y al trumpismo”, dijo Amorim Neto, quien sostiene que la familia Bolsonaro se ha posicionado como seguidora del movimiento político de Trump.

Foto compartida por Donald Trump en Truth Social junto al senador brasileño Flavio Bolsonaro. @realDonaldTrump
Pero esa cercanía con Trump también ha dejado al descubierto una contradicción en el mensaje nacionalista del bolsonarismo.
“Si uno es nacionalista o patriota, lo primero y principal es el interés nacional, no la subordinación al líder de la superpotencia mundial”, dijo Amorim Neto. “Y los votantes brasileños lo ven, lo perciben y en su mayoría están en contra, aunque los bolsonaristas entre el electorado apoyen varias de las acciones de Trump”.
Esa contradicción ha aparecido repetidamente: en los aranceles de Trump a productos brasileños por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, por los que Eduardo Bolsonaro había hecho lobby; en el impulso de Flávio para que Estados Unidos designara como organizaciones terroristas a los mayores grupos criminales de Brasil; y en los debates sobre el interés estadounidense en los recursos minerales críticos del país.
Eso marca una clara diferencia entre Bolsonaro y Lula: mientras Flávio se ha alineado con Trump y con una creciente red de líderes conservadores en América Latina, Lula ha enfatizado la soberanía y los intereses de Brasil mientras profundiza los vínculos con China.
Poniendo a prueba el poder de un legado
Sin embargo, esas contradicciones no han impedido que Flávio consolide buena parte del electorado leal que respaldó a su padre.
Brasil sigue profundamente polarizado y la distribución política ha cambiado poco desde 2022: Flávio obtiene algunos de sus mayores niveles de apoyo entre los cristianos evangélicos y los votantes de mayores ingresos, mientras Lula mantiene más fuerza entre los brasileños de menores ingresos y entre los católicos. En una encuesta de Datafolha publicada en septiembre, Flávio aventajaba a Lula por casi dos a uno entre los votantes evangélicos, mientras Lula mantenía una ventaja menor entre los católicos, con 43% frente a 32%.
Su énfasis en la lucha contra el crimen, su agenda contra la izquierda y sus enfrentamientos con el Supremo Tribunal Federal y el establishment político brasileño apelan directamente a temas que han movilizado durante años a la base de Bolsonaro. Según una encuesta de Quaest publicada en septiembre, casi todos los votantes que se identifican como bolsonaristas apoyan ahora a Flávio, lo que sugiere que la identidad política del movimiento ha logrado transferirse incluso sin su fundador en la boleta.
Ese apoyo heredado ha ayudado a transformar una candidatura que inicialmente luchaba por escapar de una campaña turbulenta y de la sombra de su padre en una contienda altamente competitiva con Lula.
En su primer mitin de campaña en Copacabana, Flávio prometió continuar el legado de su padre. Y aunque el hijo de Pelé no es Pelé, este octubre eso podría ser suficiente para ganar.
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