Quiero dedicar mi minuto de confianza al liderazgo sereno y firme de la rectora Rosa Devés, de la Universidad de Chile.
Esta semana enfrentó un momento de mucho conflicto, como ha pasado en varios campus universitarios del mundo últimamente. Un grupo de 200 personas impidieron, con sus gritos, la realización de una conferencia en el salón de honor por parte de la viceprimera ministra de Ucrania, Yulia Svyrydenko. Por razones de seguridad, la rectora decidió evacuar el lugar, pero movió la actividad a la rectoría. Allí, con la asistencia de embajadores y autoridades, la viceministra ucraniana pudo exponer sus puntos de vista, los de un país que sufre cruelmente la invasión rusa a su territorio. Antes, ya que había amenaza de toma, durmió en la rectoría junto a su equipo para impedirlo.
“No era arreglar que el acto se hiciera, sino que tenía el valor de defender la libre expresión”, dijo hoy en una entrevista la líder de la casa de Bello.
Con sus acciones acertadas y valientes, bajo un clima hostil e intenso, la rectora muestra un liderazgo certero. Un tipo de liderazgo que no confunde grito con firmeza, pero que no teme restaurar el orden. Un liderazgo que distingue, que ordena, pero que no cae ni en hostilidad, ni en estridencia ninguna.
La intolerancia no se combate con intolerancia de distinto signo, sino que se combate demostrando en los hechos qué es una conducta democrática, pluralista y respetuosa.
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