Supongo que todos han visto algún partido, o varios partidos en mi caso, del Mundial de Fútbol: partidos, emociones, goles, panorama para el invierno, para los niños que están de vacaciones desde hoy, de hecho.
Pero hay algo que a mí, por lo menos, me ha llamado la atención: la omnipresencia de las casas de apuesta en el Mundial, en la publicidad, pero en verdad en todos lados, en todo lo que está vinculado al campeonato.
¿Recuerda usted que hace ya varios años en Chile decidimos excluir las bebidas alcohólicas de toda competencia deportiva y todas esas camisetas que todos recordamos porque las tuvimos de niños, que tenían alguna cerveza o algún pisco, ya no están porque queda completamente excluido?
¿Por qué? Para proteger a los más jóvenes, a los niños y a los adolescentes, de cualquier comportamiento de riesgo.
Y, sin embargo, vemos que hoy día esto ha vuelto, no con alcohol, pero en gloria y majestad, con casas de apuestas. Todos los equipos de fútbol de Chile reciben apoyo de esta actividad.
Esta actividad habrá que regularla, supongo, y es una pregunta que queda abierta, pero subsiste la pregunta que aún no ha recibido respuesta de por qué este gobierno, que prometió restaurar el orden y que tiene un discurso más o menos robusto sobre la familia, decidió legalizar de facto las casas de apuesta al cobrarles los impuestos por las rentas percibidas.
Todavía muchos esperamos una explicación coherente de esa decisión, que se hace todavía más manifiesta cada vez que vemos un partido de este Mundial.
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