Una Oposición con Sentido de Estado: El Rol del PPD ante el Gobierno de José Antonio Kast

Por José Toro Kemp

07.01.2026 / 13:37

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La oposición del PPD no puede ser testimonial. Debe ser una oposición política y social que entienda que el país nos exige madurez, unidad del progresismo y una capacidad de diálogo que no transa sus principios, pero que pone la gobernabilidad y el bienestar del país y de las personas por delante.


Chile atraviesa un momento de definiciones profundas. La llegada de José Antonio Kast a la Presidencia de la República no solo representa un cambio de administración, sino un desafío estructural a la matriz de derechos y consensos que hemos construido desde el retorno a la democracia. Como Partido por la Democracia (PPD), tenemos la responsabilidad histórica de constituirnos como una alternativa institucional, progresista y protectora de los avances civilizatorios del país.

La oposición del PPD no puede ser testimonial. Debe ser una oposición política y social que entienda que el país nos exige madurez, unidad del progresismo y una capacidad de diálogo que no transa sus principios, pero que pone la gobernabilidad y el bienestar del país y de las personas por delante.

Por eso debemos caminar en cuatro ejes paralelos:

1. La política del diálogo y la ética de los acuerdos:

Nuestra vocación no es, ni será jamás, la del atrincheramiento ideológico o el testimonio vacío. Entendemos que la política, en su expresión más noble y útil para la ciudadanía, es la búsqueda de acuerdos que permitan la convivencia en la diversidad. La capacidad de sentarse a la mesa con quien piensa distinto es responsabilidad patriótica y madurez institucional.

Por eso buscaremos acuerdos transversales en aquellas materias donde el bienestar de las familias chilenas esté en juego, actuando como un factor de equilibrio que obligue al Ejecutivo a abandonar sus posturas más extremas para encontrarse con el sentido común de las mayorías. Para nosotros, dialogar no es claudicar; es la herramienta fundamental para incidir en la realidad, moderar el programa de la derecha y evitar que el país caiga en la parálisis o el enfrentamiento estéril. Nuestra mano estará extendida para los grandes acuerdos nacionales, siempre que estos se cimienten sobre el respeto irrestricto a la dignidad humana y los derechos adquiridos.

Es fundamental diferenciar el “obstruccionismo” de la “oposición firme”. El país está cansado del bloqueo político. Por ello, el PPD debe estar dispuesto a concurrir con sus votos en aquellas iniciativas que beneficien directamente a la ciudadanía —como el combate al crimen organizado o el fomento a las PYMES— siempre y cuando estas no vulneren derechos fundamentales.

2. La defensa del pacto democrático e institucional:

Seremos una barrera de contención para evitar cualquier tipo de retroceso y vulneración de derechos. El PPD debe ser el “ancla de sensatez” en el Congreso. Tenemos el deber de utilizar todas las herramientas constitucionales para frenar cualquier intento de desmantelar la institucionalidad ambiental, los avances en igualdad de género o en derechos sociales. Nuestra oposición será severa en lo sustantivo y respetuosa en lo formal.

3. Articulación de una nueva centroizquierda:

La fragmentación es el mejor aliado de un gobierno de derecha radical. Por eso, debemos repensar qué le queremos ofrecer al país para las próximas décadas y así ser una real opción para la ciudadanía. Y debemos conformar una alianza política de centroizquierda que vuelva a ser el eje de la discusión sobre la representación de nuestro sector.

Esto, sin duda, es actuando como un puente. Por un lado, hay que mantener una coordinación estratégica con las fuerzas del Frente Amplio y el PC. Por otro, debemos hablarle a ese centro político que se siente huérfano y que teme a la polarización. El PPD tiene la experiencia necesaria para liderar una coalición amplia que ofrezca gobernabilidad futura.

4. Conexión con las Clases Medias y el Territorio

Kast triunfó apelando a miedos legítimos: inseguridad, estancamiento económico y desorden migratorio. Como oposición, no podemos desestimar estas preocupaciones. Si nos quedamos solo en la retórica identitaria, perderemos la conexión con la mayoría.

El PPD debe proponer una agenda de seguridad con enfoque humano y una economía progresista que defienda el empleo y la inversión frente a la incertidumbre. Debemos demostrar que el progresismo puede gestionar el orden mejor que la derecha, sin vulnerar el Estado de Derecho.

El PPD como garante del futuro

El rol del PPD en los próximos años es ser el partido de la esperanza racional. No caeremos en la crispación estéril ni en la irrelevancia. Nuestra tarea es reorganizar las fuerzas progresistas, cuidar la democracia y asegurar que este paréntesis de la derecha radical sea solo eso: un momento que nos obligue a ser mejores, más unidos y más cercanos a la realidad de los chilenos.

Debemos trabajar con disciplina, inteligencia política y una convicción inalterable: Chile es y debe seguir siendo una patria para todos, no solo para unos pocos.

José Toro Kemp, Secretario General del PPD