Columna de Mario Saavedra | El Monstruo en la Nube: La anarquía digital y el sobrepeso técnico de Viña

Por Mario Saavedra

23.02.2026 / 14:50

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Durante décadas, la mística de este evento se sostuvo sobre una de las construcciones mitológicas más brillantes de nuestra televisión: "El Monstruo". Esa entidad análoga, impredecible y feroz que, a punta de pifias de 15 mil almas transpiradas en la galería, podía destruir la carrera de un humorista en tres minutos. Era la máxima expresión de la anarquía en vivo y en directo.


Estamos en la última semana de febrero de 2026. Huele a bloqueador vencido, a pánico por la lista de útiles escolares y, por supuesto, a ese dinosaurio mediático que se niega a la extinción: el Festival de Viña del Mar.

Durante décadas, la mística de este evento se sostuvo sobre una de las construcciones mitológicas más brillantes de nuestra televisión: “El Monstruo”. Esa entidad análoga, impredecible y feroz que, a punta de pifias de 15 mil almas transpiradas en la galería, podía destruir la carrera de un humorista en tres minutos. Era la máxima expresión de la anarquía en vivo y en directo.

Pero seamos sinceros. El Monstruo de carne y hueso está sedado. Hoy la Quinta Vergara es un estudio de televisión gigante, lleno de marcas y compromisos comerciales donde la pifia espontánea es casi un error de protocolo.

Sin embargo, el Monstruo no murió; simplemente se subió a la nube. Su ferocidad se mudó a X (Twitter), a TikTok, a los clips de Twitch y a las reacciones de YouTube. Hoy la carnicería no ocurre en la gaviota de plata que no se entregó, sino en el meme que se viraliza a la velocidad de la fibra óptica mientras el artista todavía está sudando en el escenario. La anarquía hoy es digital, silenciosa en el recinto, pero ensordecedora en la red.

Y aquí es donde presenciamos la esquizofrenia técnica y comercial de nuestra industria del broadcast.

Para cubrir este circo romano, los canales tradicionales siguen desplegando una operación que parece el Desembarco de Normandía. Decenas de unidades móviles, kilómetros de cableado, cientos de técnicos de terreno y enlaces satelitales carísimos. Todo para transmitir un formato empaquetado que el usuario promedio va a terminar consumiendo en formato vertical, muteado y subtitulado en la pantalla de su celular de seis pulgadas.

Los ejecutivos se llenan la boca hablando del hype, del buzz en redes sociales y de sus “canales de streaming multiplataforma”, pero en la práctica, siguen tratando lo digital como el hermano pobre, como un simple espejo de la señal abierta. Es como ponerle luces de neón bajo el chasis a una carreta de caballos y venderla como un Tesla. 

¿Es realmente negocio sostener esta operación desmedida? Los números del Festival vienen bajando de peso hace años. El rating histórico es un recuerdo, pero la estructura de costos sigue siendo la de la época de oro de la televisión de los noventas.

Si la industria audiovisual dejara de jugar al “hype” y utilizara de verdad la tecnología que tenemos a mano, el modelo de producción se reduciría a la mitad y se rentabilizaría el doble.

Hablo de optimización real: usar inteligencia artificial para el switching automatizado de cámaras secundarias; aplicar análisis de sentimiento en tiempo real del ecosistema digital para que la pauta comercial se inyecte de forma programática y dinámica según la audiencia de cada nicho; abandonar la obsesión por el satélite cuando las mochilas 5G y los protocolos de transmisión IP te dan la misma estabilidad por una fracción del costo y así podría seguir lateralmente alargando esta columna.

Pero no. Preferimos seguir quemando billetes en una superproducción análoga para alimentar a una audiencia que hace rato tiene su atención secuestrada por las plataformas de streaming globales.

El verdadero drama de Viña hoy no es si el comediante hace reír o llorar. Es la negación de una industria que sigue gastando millones en atrapar a un Monstruo con redes de pescar, sin darse cuenta de que la bestia hace rato se convirtió en datos.

Mientras sigamos vendiendo spots de treinta segundos en televisión abierta para financiar un festival cuyo único valor real es el clip de diez segundos que se viraliza en TikTok, el negocio seguirá haciendo agua. 

Y para ese naufragio, no hay Gaviota que nos salve. #NoCap