Con máscaras de animales, garras y colas, se han ido apoderando de diversos espacios del vecino país. Pero en Chile también han tenido su expresión. Frente a eso es que una psicóloga infanto-juvenil entregó claves respecto de qué hacer y cómo reaccionar en caso de que algún hijo decida seguir dicha tendencia.
Hace algunos días, en Argentina, explotó una nueva y, para algunos, preocupante moda, la de los Therians. Personas que se autoperciben como animales, pero que se rigen por normas humanas.
Con máscaras de animales, garras y colas, se han ido apoderando de diversos espacios del vecino país. Pero en Chile también han tenido su expresión.
Frente a eso es que una psicóloga infanto-juvenil entregó claves respecto de qué hacer y cómo reaccionar en caso de que algún hijo decida seguir dicha tendencia.
“El fenómeno “Therian” puede comprenderse principalmente como una forma de exploración identitaria. En la adolescencia, las personas buscan construir sentido respecto de quiénes son, y muchas veces utilizan símbolos o metáforas para expresar experiencias internas que aún están elaborando”, explicó Camila Navarrete, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC.
La especialista agregó que “no se trata necesariamente de una condición clínica, sino de una narrativa simbólica que puede cumplir funciones emocionales como pertenencia, diferenciación o validación. Antes de patologizar, es fundamental comprender qué significado tiene para ese adolescente en particular”.
En este sentido, aseguró que “la adolescencia es una etapa donde la identidad está en construcción y la pertenencia cobra un rol central. Las redes sociales permiten encontrar comunidades afines más allá del entorno inmediato, facilitando que ciertas expresiones identitarias se expandan rápidamente”.
También aclaró que “este fenómeno refleja que las nuevas generaciones construyen identidad en entornos híbridos, donde lo digital y lo presencial se entrelazan constantemente. También muestra una mayor flexibilidad para experimentar distintas narrativas identitarias”.
Para la psicóloga infanto-juvenil, las redes sociales cumplen un rol clave en la expansión del fenómeno: “Visibilizan fenómenos que antes podían existir de manera más aislada, pero también los amplifican al generar comunidades virtuales y reforzar contenidos a través de algoritmos. Eso no implica necesariamente que estén creando una problemática, sino que facilitan que jóvenes que comparten intereses similares puedan encontrarse y sentirse parte de un grupo”.
En cuanto al acompañamiento familiar, Navarrete enfatizó la importancia del diálogo y la apertura. “En lugar de reaccionar con alarma o burla, es recomendable preguntar qué significa para el adolescente esa identificación”.
Añadió que, más allá de la etiqueta, lo clave es comprender la función que cumple: si permite sentirse parte de algo, expresar emociones o diferenciarse. “Un acompañamiento respetuoso fortalece el vínculo y permite detectar, si existiera, alguna dificultad emocional que requiera apoyo”, indicó.
La diferencia entre una exploración identitaria saludable y una situación que podría requerir apoyo psicológico, explicó, no está en la denominación, sino en el impacto en la vida cotidiana. “Se recomienda consultar cuando existe aislamiento extremo, angustia intensa, deterioro funcional o una desconexión marcada de la realidad. El foco siempre debe estar en el bienestar global del adolescente”, puntualizó.
Frente a la preocupación que ha generado este fenómeno la experta explicó que “las reacciones de burla o alarma suelen surgir frente a aquello que resulta desconocido o que desafía normas culturales tradicionales. La ridiculización puede funcionar como un mecanismo defensivo frente a lo diferente”.