Solo una porción diaria de ultraprocesados en la dieta diaria eleva el riesgo de demencia incluso en quienes siguen la dieta mediterránea

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(CNN) – Investigadores de la Universidad de Monash en Melbourne publicaron en la revista Alzheimer’s & Dementia un análisis que vincula directamente los alimentos ultraprocesados con un deterioro cognitivo precoz. Barbara Cardoso, autora principal, explicó que “por cada 10 por ciento de aumento en los alimentos ultraprocesados que consumía una persona, vimos una caída distintiva y medible en la capacidad de una persona para concentrarse”.

La medición se tradujo en puntuaciones más bajas en pruebas estandarizadas de atención visual y velocidad de procesamiento. El trabajo estimó además el riesgo de demencia a 20 años mediante una escala validada: cada 10% adicional de UPF sumó 0,24 puntos en esa proyección.

El procesamiento industrial, no la falta de vegetales

Un hallazgo central del estudio es que “esta asociación no cambió por la adherencia a la dieta mediterránea, lo que indica que está vinculado al procesamiento de los alimentos más que simplemente al desplazamiento de alimentos”, subrayó Cardoso.

Es decir, una persona puede consumir frutas, verduras, legumbres y aceite de oliva y aun así sufrir el impacto cerebral de las papas fritas, las galletas o la pizza industrial que acompañan su jornada.

Los ultraprocesados representan el 53% de las calorías que ingieren los adultos en Estados Unidos y casi el 62% en los niños, según los CDC. La investigadora recordó que estos productos se asocian a diabetes, hipertensión, obesidad y colesterol LDL elevado, todos factores de riesgo cardiovascular para la demencia.

El doctor W. Taylor Kimberly, de la Escuela de Medicina de Harvard, calificó el trabajo como una “adición importante” a la evidencia. Su propio estudio, publicado en enero, encontró que aumentar un 10% la ingesta de UPF elevaba un 16% el riesgo de deterioro cognitivo, mientras que reemplazar esos productos por alimentos mínimamente procesados y enteros durante cinco a seis años se vinculó con un 12% menos de riesgo.

Cardoso enfatizó que la mediana edad ofrece una ventana de oportunidad para intervenir antes de que aparezcan cambios neurológicos irreversibles.

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