El presidente de la Red Nacional de Salud, doctor Patricio Mardonez, advirtió sobre las consecuencias de adoptar posiciones físicas propias de animales cuadrúpedos por períodos prolongados, a raíz del fenómeno de los “therian”.
Han sido tema de conversación durante las últimas semanas en las redes sociales. El fenómeno de los therian ha causado revuelo, pero surge la interrogante: ¿se trata de una tendencia actual o tiene una historia más profunda?
En primer lugar, la palabra therian es una forma abreviada de therianthrope (teriantropía), originaria del griego: thēríon (bestia) y ánthrōpos (humano). Su significado más cercano es “persona animal” o “animal humano”.
Estas personas se identifican en el plano psicológico o espiritual con un animal no humano. Es decir, no creen ser físicamente ese animal, sino que consideran que su esencia interna está ligada a una especie específica, a la que denominan teriotipo (o theriotype).
En el ámbito cultural, existe una fuerte inspiración en mitos e imaginarios colectivos. Durante la década de 1990, con el auge de internet, surgió un movimiento que se mantuvo como un fenómeno de nicho.
Sin embargo, en el actual contexto de globalización y alta conectividad, plataformas como TikTok han amplificado esta tendencia, viralizando encuentros entre therian, donde se observa que adoptan posiciones físicas propias de animales cuadrúpedos por periodos prolongados.
Sobre este fenómeno, el presidente de la Red Nacional de Salud, doctor Patricio Mardonez, advirtió los posibles riesgos físicos asociados a estas prácticas.
“El cuerpo humano es el resultado de millones de años de evolución orientados a la bipedestación, es decir, a caminar erguido. Nuestra columna, articulaciones y sistema nervioso están configurados para distribuir el peso verticalmente”, explicó.
En ese sentido, advirtió que “alterar esta dinámica para desplazarse en cuatro extremidades somete al organismo a un estrés mecánico que no puede absorber”.

Un joven sostiene un cartel durante la primera reunión de Therians en Ciudad de México (México). EFE/ Sáshenka Gutiérrez
Según la Red Nacional de Salud, existen cuatro áreas críticas de impacto para quienes practican estas posiciones de forma reiterada:
1. Colapso articular y desgaste mecánico
A diferencia de los animales, las muñecas humanas no poseen la estructura ósea necesaria para soportar el peso total del cuerpo, lo que puede provocar:
- síndrome del túnel carpiano y tendinitis: inflamación crónica por compresión nerviosa.
- Osteoartritis prematura: desgaste acelerado del cartílago en hombros y caderas, debido a rangos de movimiento forzados.
2. Alteraciones de la columna vertebral
Para mantener la visión frontal en posición cuadrúpeda, el ser humano debe hiperextender el cuello, lo que puede generar hiperlordosis cervical. Esta presión constante puede derivar en hernias discales, pinzamientos nerviosos y lumbalgia crónica, producto de una tensión muscular inadecuada.
3. Compromiso nervioso y circulatorio
Las posturas de flexión extrema o “acecho” comprimen el flujo sanguíneo y los nervios periféricos. Entre los principales riesgos se encuentran:
- Compresión del nervio peroneo, que puede causar el denominado “pie caído” o pérdida del control motor.
- Déficit en el retorno venoso, favoreciendo la aparición de várices y edemas (hinchazón) en las extremidades.
4.Daños dermatológicos
La piel humana carece de almohadillas protectoras, por lo que el contacto repetitivo con superficies duras puede generar queratosis (callosidades severas), grietas dolorosas e infecciones por microheridas, especialmente en palmas y rodillas.
“No se trata de un simple dolor de espalda pasajero; estamos hablando de forzar una máquina biológica fuera de sus límites de diseño. Las consecuencias pueden ser discapacitantes a mediano plazo”, enfatizó el doctor Mardonez.