La médico veterinaria de la Universidad Mayor, la doctora Cecilia Valladares, explicó que el riesgo de ser mordido como un perro o un gato “es igualmente riesgoso”, e incluso, otra especie que pueda ser susceptible a ser contagiado por rabia como los mamíferos y en ambos casos; se requiere de vacunación, independiente del origen del animal.
Valladares se mostró a favor de volver a “instalar la medida de la observación del perro”, porque un animal al ser desconocido “claramente es necesario vacunarlo” explicó la especialista.
En el caso del joven de Quilpué, la persona recibió la primera vacuna porque debió declarar que el perro no era “ubicable para la observación” , por lo tanto, según la entrevistada “la decisión fue bien tomada” aunque la mordedura fuera en una pierna. Sin embargo, al asistir a un segundo centro asistencial no se continuó con la vacunación, porque se consideró que una persona que andaba en moto “era una provocación”, contó la veterinaria.
No se habla de rabia en el ataque de un perro cuando es provocado por una persona, ya que el animal actúa de forma defensiva o protegiendo su territorio, comida e incluso porque es sorprendido. Según estudios, existe un 50% de mordeduras en menores que ocurren en el hogar, y de este porcentaje; una cifra es alta es porque el animal “se encontraba comiendo”, enfatizó la especialista.
La Corte sostuvo que, en esta etapa, basta la “justificación” de los delitos y que la defensa no logró desvirtuar el peligro para la seguridad de la sociedad. También descartó que el artículo 324 del COT opere como excusa para el cohecho y apuntó al “carácter organizado” del presunto plan, además de las altas penas asociadas.