El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva confirmó un aumento del salario mínimo brasileño del 6,79% a partir de enero de 2026, ubicándolo en 1.621 reales mensuales (unos 295 dólares).
Este reajuste, calculado con una fórmula legal que considera la inflación y el crecimiento del PIB, representa el cuarto año consecutivo en que el aumento supera el índice de precios, consolidando una política de ganancia real para el poder adquisitivo de la base trabajadora.
Un impacto social extenso y una brecha persistente
El anuncio tiene una repercusión significativa, ya que el salario mínimo sirve como referencia para calcular pensiones y beneficios de la Seguridad Social, afectando a un tercio de la población. Pese a los aumentos acumulados, el valor dista de cubrir las necesidades básicas: un estudio del Dieese estima que una familia de cuatro personas requiere más del cuádruple del salario mínimo actual para su subsistencia.
El ajuste refleja el compromiso del gobierno con la recuperación de los ingresos populares, aunque evidencia el largo camino para cerrar la brecha del costo de vida en el país más grande de América Latina.
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