Pin Campaña ha construido buena parte de su trayectoria detrás de una cámara, retratando a personas comunes y a figuras de la cultura.
Educada en el Santiago College y licenciada en Filosofía por la Universidad de Chile, viajó a Francia para estudiar y regresó al país en 1989, a los 28 años, sin saber si se quedaría, pero pronto encontró en la fotografía un nuevo camino.
Se contactó con Taller Uno, el estudio de Roberto Edwards, entonces dueño de la revista Paula, y así comenzó una trayectoria que se desarrolló en el circuito editorial chileno, en una época en que pocas mujeres ejercían como fotógrafas en ese ámbito.
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Luego continuó trabajando en otros medios y de manera independiente. En paralelo, Campaña desarrolló una obra personal, marcada por una mirada sensible sobre sus retratados y temas como la vejez y la soledad, la que hace unos años comenzó a compartir a través de Instagram.
“Recorro Chile y he recorrido otros países haciendo imágenes de lo que pronto va a desaparecer (…). Soy fanática de estudiar fotografía, de la música que me acompaña en este viaje de soledad y poesía, que son las imágenes que retienen un poco lo que es el paso del tiempo y este juego entre vida y muerte”, contó en CNN Íntimo.
La urgencia de capturar el tiempo
“Nosotros nacemos heridos de vida y muerte. Siempre hay el yin y el yang”, reflexiona la fotógrafa sobre el origen más íntimo de su obra. Para ella, la cámara siempre fue un refugio frente a la pérdida: “La fotografía era muy mágica, porque lograba dejar a una persona que yo amaba. Yo las lograba tener en fotos en mi velador”.
El primer contacto con su oficio no tuvo el glamour de los equipos profesionales. “Yo la encuentro en una cámara Kodak chiquitita, piñufla, que compramos para la familia”, recuerda sobre sus inicios. Desde aquella época desarrolló una obsesión estética inquebrantable: “Hay una luz que te confunde, que es la luz azul del invierno (…) Yo me quedo extasiada ahí. Soy una fascinada con el fenómeno de la luz y la sombra“.
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“Dejas de respirar. No te mueves ni un milímetro. Yo transpiro”, describe Campaña sobre el instante exacto en que sabe que ha encontrado la imagen perfecta. La experiencia, asegura, la desconecta completamente del entorno terrenal: “Es que no hay tiempo. No hay muerte ni vida. Estoy suspendida en algo que es mágico. Me provoca algo muy profundo, noble. Dura segundos”.
Su interés por la fotografía también está atravesado por una relación profundamente emocional con aquello que retrata, ya que, para ella, fotografiar exige una entrega completa. “Yo me derrito con las personas a las cuales estoy retratando, yo las amo, puede ser mujer, hombre, lo que sea, animales, yo me derrito, yo siento que todo mi mundo en ese minuto, no existe nada más que esa persona”, explica.
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