Mónica Rincón reflexiona sobre la reforma constitucional propuesta por el gobierno: “No hay fin que justifique cualquier medio”

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No importa cómo entra, sino cómo sale”: resumen de los ministros que tratan de defender la reforma constitucional. No es un buen argumento. Esto es un tema de principios. Si hubieran tenido los votos, esa es la nueva Constitución que tendríamos. Una donde cualquier presidente, actual o futuro, podría durante 240 días detener, exiliar, requisar, revisar comunicaciones.

“No importan las facultades, sino cómo se ejercen”. Pero no se legisla para ángeles y quien reclama para sí una facultad es para usarla en toda su extensión. ¿Cuándo? Lo juzgará quien gobierne.

“No puede ser autoritario quien fue electo democráticamente”. Pregunten a Chávez o a Bukele. “Habrá una ley orgánica con las bajadas y siempre estará el Congreso”. ¿Y cuando un autoritario tenga mayoría?

Pesos y contrapesos. No se debe evitar el control de tribunales, aunque frustre lo que deciden: es el refugio en una democracia. No hay que elegir entre un país libre o seguro, sino LIBRE Y SEGURO.

Vayan a las poblaciones, dijo el ministro Arrau. Claro, si es por popularidad, gana la pena de muerte, lejos, y eso no la hace correcta. Y quienes hoy no pueden salir de sus casas se van a sentir frustrados si sacrifican libertad y no obtienen más seguridad.

¿Por qué es tan inútil todo? Nada de lo que se oiga se podría usar en una causa judicial. Ningún detenido bajo las normas del nuevo estado de excepción podrá ser puesto en un tribunal para iniciar una causa, porque el monopolio de la investigación lo tiene Fiscalía.

¿Y cuántas investigaciones de Fiscalía previas a la declaración de un estado de excepción se van a frustrar ante el aviso de que se empezarán a escuchar desde el Ejecutivo las comunicaciones?

Cierto, una democracia es más lenta que una dictadura. Esa pausa, esa necesidad de acordar permite no caer en el abismo.

Queda la preocupación sembrada de cómo presentaron un proyecto así. Tanta preocupación por la intimidad de las cuentas corrientes y tan poca para las comunicaciones personales.

No hay fin que justifique cualquier medio. Bueno, recordar al británico Acton, que nos advierte de un peligro: “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Que nuestros políticos recuerden, alguien lo dijo… son solo hombres.

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