“Los que no pagan sus compromisos obligan a los contribuyentes a pagarles la cuenta”: Sepúlveda y el inicio del cobro del CAE

Por Eduardo Sepúlveda

06.04.2026 / 23:30

El panelista de Tolerancia Cero advirtió sobre una “desconexión con la realidad” en el uso de recursos públicos, tras conocerse que la Tesorería General de la República busca recuperar más de cuatro billones de pesos adeudados por el CAE y que la Contraloría General de la República detectó millonarios gastos municipales en celebraciones.


Hoy supimos de dos noticias que sorprenden y que ayudan a entender algunas cosas que pasan en nuestro país.

Las protagonistas son la Tesorería General de la República y la Contraloría General de la República.

La Tesorería anunció que había activado un plan para cobrar deudas del CAE, el crédito con aval del estado para la educación superior, a 550 mil morosos.

Entre todos ellos deben más de cuatro billones de pesos, es decir, más de 4 mil millones de dólares.

Una fortuna.

Con esa plata se podrían construir 20 hospitales de alta complejidad, cinco puentes sobre el canal de Chacao o una línea completa de Metro.

El impacto social de esas obras sería enorme, porque beneficiaría a cientos de miles de personas de todo tipo, no sólo a estudiantes de educación superior.

La Contraloría, en tanto, descubrió que un gran número de municipalidades del país gastó más dinero en celebraciones que en ayuda social durante los años 2024 y 2025.

El informe reveló que el gasto total en órdenes de compra asociadas a celebraciones alcanzó más de $31 mil millones. Con esa plata se podrían construir 10 Cesfam, 30 jardines infantiles o 300 viviendas sociales de alto estándar.

Estas dos noticias tienen un patrón de fondo: desconexión con la realidad e indolencia. Parece haber una manera inmadura, adolescente, siendo injusto quizás con muchos adolescentes, de relacionarse con el dinero. Peor aún, con el dinero de los contribuyentes, que es la plata de todos.

Los que no pagan sus compromisos de crédito estudiantil obligan a los contribuyentes a pagarles la cuenta.

Y los políticos que prefieren gastar en fiestas, financian su popularidad con dinero que podría servir para ayudar a los más necesitados.

Por costumbres tan extendidas como estas es tan difícil en este país poner orden y recuperar el sentido de austeridad.