Juan Gabriel Valdés analiza el retiro de apoyo a la candidatura de Bachelet a la ONU: “Es una de las páginas más tristes de la historia diplomática de Chile”

Por Daniela Pérez

Juan Gabriel Valdés Soublette (2 de junio de 1947) ha pasado buena parte de su vida observando la política internacional desde primera fila.

Exministro de Relaciones Exteriores, exrepresentante de Chile ante Naciones Unidas, exembajador en Estados Unidos, España y Argentina, además de jefe de la misión de la ONU en Haití, su trayectoria se ha desarrollado en algunos de los principales escenarios diplomáticos de las últimas décadas.

Hijo del histórico dirigente democratacristiano Gabriel Valdés y de la músico y académica Sylvia Soublette, construyó una trayectoria de décadas marcada por la diplomacia, la política, las negociaciones internacionales y también por algunos de los episodios más significativos de la historia reciente de Chile.

“Vengo llegando de Washington, donde fui embajador representando al gobierno del presidente Boric. (…) Estoy feliz de estar en Chile, a escribir memorias, pero también a contribuir en el debate que se requiere en este país sobre la política exterior y la manera en que debemos, en un mundo tan complejo como el actual, defender a Chile y a los chilenos”, contó a CNN Íntimo.

Estados Unidos y el quiebre del orden internacional

Tras dejar la embajada de Chile en Washington, Valdés recordó que llegó a ese país a comienzos de los años 70 con prejuicios, pero terminó admirando la solidez de sus instituciones tras episodios como el caso Watergate. Sin embargo, asegura que “el país del que llegué ahora como embajador no es ese país”, sostuvo, afirmando que atraviesa “una situación de crisis inimaginable”.

Hoy día Estados Unidos es una monarquía, desde un punto de vista práctico”, sostuvo. Al ser consultado sobre si el país norteamericano ha dejado de ser una democracia, afirmó que hasta el momento “todavía no, porque la resistencia de la sociedad norteamericana y la capacidad que tiene la sociedad norteamericana de defender sus libertades es importante”.

Para él, estos cambios han impactado el rol internacional de Estados Unidos. “Quebró aquel sistema que él mismo había ayudado a construir”, dijo, criticando la forma en que se ejerce el poder: “El presidente dice: ‘Soy yo el Derecho Internacional, es mi moral la que lo determina’. Creo que desde Luis XIV yo no conozco un jefe de Estado que haya dicho una cosa igual”.

Estados Unidos vive una crisis profunda, cultural, social, política, y está llevando a un cuadro de declinación que está haciendo que estemos pasando de un sistema en el cual había un solo país que desde la caída de la Unión Soviética manejó al mundo (…) a una situación multipolar, en la que ya hay tres o cuatro países con capacidad de decirle que no”, agregó Valdés.

El camino de Bachelet en Naciones Unidas

El exembajador de Naciones Unidas se refirió a la situación del organismo, destacando el valor del multilateralismo en un momento complejo para la estabilidad global. “Fue creada porque se necesita un espacio de diálogo. Si no hay capacidad de conversación, no hay capacidad de debate, no hay capacidad de acuerdos, eso es el multilateralismo; no existe la posibilidad de la paz”.

De acuerdo con lo que explicó, el ente internacional enfrenta desafíos profundos. Sin embargo, cree que cualquier intento de reforma debe partir de una convicción genuina respecto al papel que cumple: “Nadie va a poder cortar el gasto, ni cambiar las instituciones de Naciones Unidas, ni cortar programas si no participa y no cree profundamente en el sentido de la ONU”, sostuvo.

En ese contexto, defendió la figura de Michelle Bachelet como una eventual candidata a la Secretaría General del organismo, ya que posee una experiencia difícil de igualar. “Dos veces presidenta de Chile, alguien que es la persona más conocida de Chile en el mundo y que, además de eso, tiene una capacidad de conocer Naciones Unidas como pocos”, afirmó.

Valdés sostuvo que el liderazgo que requiere la organización no pasa únicamente por capacidades administrativas, afirmando que “tiene que haber alguien como Michelle Bachelet que cree profundamente en la Carta de las ONU, en sus principios, en aquello para lo cual fue formada y sobre esa base persuadir a los países de ajustar esa organización a lo que puede hacer”.

Por ello, cuestionó con dureza la decisión del gobierno de retirar el respaldo a la candidatura de la exmandataria. “No es explicable”, sostuvo, tildando la decisión como “una de las páginas más tristes de la diplomacia o de la historia diplomática de Chile”, agregando que en paralelo hay “una campaña incluso en diarios de ultraderecha en Europa para descalificarla”.

El atentado que cambió su vida

Aunque gran parte de su trayectoria estuvo ligada a la diplomacia, Valdés reconoció que durante años evitó seguir ese camino debido al peso del apellido familiar. Hijo del excanciller Gabriel Valdés, asegura que ingresar tempranamente a la Cancillería era una opción que prefería evitar: “No era estético. Iban a decir: ‘Este niño progresa porque es hijo de su papá’”, recordó.

Con el tiempo, sin embargo, desarrolló un fuerte vínculo con el Ministerio de Relaciones Exteriores. “Con los años, siento la Cancillería como mi casa. (…) Yo estoy metido en la Cancillería, conozco la Cancillería muy bien, demasiado bien”, dijo, agregando que “la vida está llena de sorpresas. Yo no pensaba ser embajador. Yo quería ser diputado por Puerto Montt”.

Antes de ello, una experiencia en España terminó llevándolo al mundo de las comunicaciones. “Fue el mundo de las comunicaciones el que me llevó a que el Partido Socialista Obrero Español me invitara durante cinco o seis meses a recorrer con Felipe González un proceso electoral”. A su regreso a Chile, “me llamaron para decirme que me hiciera cargo del programa del No de televisión”.

No tenía idea de televisión”, reconoció. Sin embargo, recuerda ese período como una experiencia decisiva: “Tuve la suerte de convocar a las personas que tenían la capacidad de hacerlo. No voy a decir que fuimos un éxito porque todo Chile sabe que el programa del No fue una buena cosa. Salió bien (…). Junto con Carlos Figueroa, tenía responsabilidad jurídica sobre el programa”.

Mucho antes de aquello, otro episodio marcaría definitivamente su trayectoria. Mientras trabajaba junto a Orlando Letelier en Washington, Estados Unidos, ambos habían acordado reunirse la mañana del atentado que terminó con la vida del exministro. Finalmente, un cambio de planes hizo que no subiera al automóvil. “Bueno, quedamos en eso y no fui en el auto”.

Hasta hoy recuerda que las amenazas eran un tema recurrente entre quienes rodeaban a Letelier: “En los minutos anteriores y en las horas anteriores y en los días anteriores, el tema de la bomba era un tema recurrente entre nosotros”. Sin embargo, relató que el exministro solía responder: “Ustedes son unos paranoicos. Aquí en Estados Unidos nunca me van a hacer nada”.

La explosión en Sheridan Circle cambió para siempre su forma de ver la política y la dictadura. “Mi vida era otra. ¿Por qué? Porque yo el mal no lo conocía de frente. Nunca había encontrado el mal así en el camino”. Hasta entonces, explicó, “uno sabía las brutalidades que pasaban en Chile, las torturas, los desaparecidos, pero era distante eso a mí porque yo no lo podía imaginar bien”.

Me cambió la vida porque me hizo ver que esto no era un asunto simplemente de estar haciendo política en el exterior (…). Cuando estábamos peleando en Naciones Unidas contra Pinochet o estábamos movilizando gente contra Pinochet, estábamos peleando contra alguien que mataba y asesinaba”, sostuvo, afirmando que también temió por la vida de su padre, ya que “fue amenazado de ser asesinado de la misma manera que Letelier”.

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