La inteligencia artificial ya está instalada en las oficinas. Pero su revolución, al menos por ahora, parece más prometida que materializada. Precisamente en esa línea, un estudio del National Bureau of Economic Research (NBER) muestra que más del 80% de las empresas no ha experimentado cambios en empleo ni productividad en los últimos tres años, pese a la rápida adopción de estas tecnologías.
El desempeño de la IA en empresas toma un curso paradójico
El estudio, titulado Firm Data on AI, se basa en encuestas realizadas entre noviembre de 2025 y enero de 2026 a casi 6.000 ejecutivos —principalmente CEOs y CFOs— en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Australia. Se trata de una de las primeras mediciones comparables y representativas a nivel internacional sobre el uso de inteligencia artificial en empresas.
Los resultados muestran un escenario paradójico. Por un lado, la adopción es alta: en promedio, un 69% de las firmas declara utilizar alguna tecnología de IA, siendo Estados Unidos el país con mayor penetración. Las herramientas más comunes corresponden a generación de texto con modelos de lenguaje, procesamiento de datos y creación de contenido visual.
Sin embargo, cuando se pregunta por el impacto concreto, la respuesta cambia radicalmente. Más del 90% de los ejecutivos afirma que la IA no ha tenido efectos en su dotación de trabajadores en los últimos tres años, mientras que un 89% señala que tampoco ha influido en su productividad, medida como ventas por empleado. En promedio, el aumento de productividad atribuido a la IA apenas alcanza 0,29% en ese período.
Expectativas mucho más ambiciosas
La percepción, no obstante, cambia cuando se mira hacia adelante. A diferencia del impacto casi nulo observado hasta ahora, los ejecutivos anticipan efectos más significativos en los próximos tres años.
En promedio, esperan que la inteligencia artificial eleve la productividad en torno a 1,4% y reduzca el empleo en cerca de 0,7%. De concretarse esas proyecciones, implicaría un impulso neto en la producción de alrededor de 0,8%.
Es decir, el cambio todavía no aparece en los datos, pero sí en las expectativas empresariales.
El estudio también detecta una diferencia relevante entre la visión de ejecutivos y trabajadores. Mientras los altos directivos proyectan una caída del empleo asociada a la automatización, los empleados consultados en una encuesta paralela en Estados Unidos prevén, en promedio, un leve aumento en la dotación.
La divergencia sugiere que el debate sobre el impacto laboral de la IA no solo se da entre expertos y reguladores, sino también dentro de las propias organizaciones.
Otro elemento llamativo es la intensidad de uso. Aunque dos tercios de los ejecutivos afirma utilizar inteligencia artificial en su trabajo, el promedio alcanza apenas 1,5 horas semanales. Esto sugiere que, si bien la adopción es amplia, su integración en procesos centrales todavía sería incipiente.
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