Ante dicha moda, un grupo de Therians nacionales rompió el silencio y hablaron con El Mercurio sobre sus motivaciones, sensaciones y dolores.
Todos hemos oído hablar de los Therians, personas, especialmente jóvenes menores de edad, que se autoperciben como animales, pero que se rigen por normas humanas.
Con máscaras de animales, garras y colas, se han ido apoderando de diversos espacios tanto de Chile como de todo el mundo.
Ante dicha moda, un grupo de Therians nacionales rompió el silencio y hablaron con El Mercurio sobre sus motivaciones, sensaciones y dolores.
“Una vez, mirándolos por harto rato, sentí como si me entendieran. Desde ahí empecé a pensar más en eso y a ver experiencias de otros online”, conto “Caballana”, una joven Therians, que prefiere usar su nombre animal para proteger su identidad y evitar burlas.
Otro de los Therians criollos que contó su experiencia y sensaciones fue Laika: “Nosotros seguimos siendo personas. No porque tengamos un animal interior vamos a querer comer comida de perro o algo así. No comemos comida de perro. Nos gusta hacer este tipo de cosas para sentirnos más libres y conectados con nuestro animal, pero sin ponernos en riesgo. Por ejemplo, hay algunos que a veces toman agua o leche desde un pocillo en el suelo, pero es algo simbólico”, contó.
La joven desmintió una serie de rumores y falsas acusaciones sobre la conducta de los Therians. “Hay gente que piensa que vamos a morder a las personas o que somos peligrosos, eso es mentira. No queremos dañar a nadie, solo ser como somos y expresarnos sin afectar a los demás. Tampoco estamos locos. No es que nosotros queramos vivir como animales todo el tiempo”.
Entre la aceptación y el juicio familiar
Cami, otra joven Therian de Concepción, contó que sí tiene apoyo familiar para ser Therian. “Al principio, mis papás no entendían mucho, pero ahora lo respetan. Mis amigos cercanos sí me apoyan harto”, relató.
Pero dicho apoyo no siempre es igual, y ese es el caso de “Caballana”: “Mi familia no lo acepta y a veces prefieren no hablar conmigo”.
Entre manadas y juegos
Cami relató que “con mi manada nos solemos juntar en algún parque, jugamos y corremos. A veces también jugamos con perritos que nos encontramos en la calle”.
En Santiago, Lean (17) explicó que se junta con otros miembros de la comunidad a “aullar, a practicar quadrobics (ejercicio físico en que caminan o corren los cuadrúpedos) e intentamos tomar agua desde el suelo”.