Hay cosas que nos han enseñado desde muy temprano en el colegio. Por ejemplo, que basta poner un signo “igual” en una frase, para que se entienda que A es igual a A.
¿Y qué tal si la fórmula: A es igual a A no fuera siempre correcta?
Un gobierno que cambia ministros es una señal de buscar algo distinto. La nueva autoridad puede tener el mismo cargo, las mismas facultades y la misma oficina. Pero no son lo mismo. No es A=A.
Cambiar, aunque sean los mismos cargos, no transforma al nuevo en un clon del antiguo. Al revés, el cambio se hace para que el nuevo corrija o modifique al anterior. Que el nuevo A ahora sea más bien un B.
Lo más importante no es que se cambie A por B, sino que la gente vea que B hace, corrige y actúa, en lo que importa, distinto a como lo hacía A.
Ahora que se vuelve a rumorear una posible modificación de gabinete -a pesar de los desmentidos- es de esperar que si va a haber un nuevo cambio de ministros, ojalá que B no sea igual que A.
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