Un libro extraordinario, que debiera ser obligatorio en colegios y universidades, es El valor de la atención, de Johann Hari.
Dice Hari: “Prestar atención es nuestro superpoder como especie, y cuando tu capacidad de prestar atención disminuye, tu capacidad para lograr tus objetivos, para resolver problemas, se ve disminuida“.
Digo yo: sin prestar atención aparecen los “no lo vi venir; los ¿cómo pudo pasar esto?”.
Sigue Johann Hari: “La democracia exige que la población sea capaz de prestar atención durante el tiempo suficiente como para identificar problemas reales, para distinguirlos de fantasías, para encontrar soluciones y exigir responsabilidades a sus líderes si estos no las aplican”.
Sigue Hari: “La gente que no es capaz de concentrarse es más proclive a sentirse atraída por soluciones autoritarias, simplistas, y es menos probable que se percate de que no funcionan“.
Cierro yo: ¿qué tanta atención dispone usted para entender realmente lo que pasa, sin recurrir a la comodidad de las ideas absolutas, de buenos contra malos?
Un libro extraordinario sobre un mal -la falta de atención- que en tiempos de enorme velocidad digital vale la pena leer, sobre todo, para prestarse atención a uno mismo.
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