La artista estadounidense se presentó en el Movistar Arena con un show de alto despliegue coreográfico, una puesta en escena intensa. Acompañada, además, de un repertorio que combinó sus mayores éxitos globales, como “Paint the Town Red” y “Say So”, con material reciente de su actual gira mundial.
La noche de este martes Doja Cat marcó su paso por Chile con un concierto en el Movistar Arena de Santiago, correspondiente a la gira Ma Vie World Tour, la gira global que la artista emprendió en apoyo de su quinto álbum de estudio, Vie (2025).
El espectáculo formó parte de una extensa serie de fechas que recorrieron América Latina, Europa, Reino Unido y Norteamérica durante 2026, y que incluyeron paradas previas en São Paulo (Brasil), Buenos Aires (Argentina), Lima (Perú), Bogotá (Colombia) y Ciudad de México (México) antes de su presentación en Chile.
Doja Cat llegó a Chile con un catálogo que ya había generado impacto global en años recientes. Su tema Paint the Town Red se convirtió en uno de sus mayores éxitos comerciales, llegando al número 1 del Billboard Hot 100 y de la Billboard Global 200, y haciendo historia como la primera canción de rap solista femenina en alcanzar ese puesto en varias de estas listas. Anteriormente, su sencillo Say So había sido uno de sus primeros éxitos masivos, también escalando posiciones en las listas internacionales.
La fecha en Santiago, en tanto, representó un reencuentro con el público chileno tras su participación anterior en el Lollapalooza Chile de 2022, cuando se presentó como cabeza de cartel que sumó una asistencia total récord de 225 mil personas.
Desde el inicio, la puesta en escena dejó en claro que se trataba de un espectáculo pensado en clave visual. El escenario del Movistar Arena se estructuró en distintos niveles iluminados con paneles LED que cambiaban de color según el ritmo del setlist.
Sobre la tarima principal, en tanto, una estructura rectangular suspendida proyectaba luces y gráficos que transformaban el ambiente del recinto entre tonos rojos intensos, verdes eléctricos y violetas.
La provocación femenina como declaración escénica
Doja Cat apareció acompañada por una banda en vivo ubicada en plataformas superiores, con batería y teclados visibles desde distintos ángulos del recinto, además de un grupo de bailarinas que reforzaron las coreografías. La artista alternó entre desplazamientos por el frente del escenario y momentos más estáticos, en los que concentró la atención en la interpretación vocal.
El vestuario fue parte central del relato visual del concierto. La cantante lució una peluca rosada y un conjunto con transparencias, aplicaciones brillantes y medias altas, coherente con la estética pop y provocadora que ha marcado esta etapa de su carrera.
En varios momentos convirtió el escenario en una coreografía constante, moviéndose con seguridad, marcando cada golpe de ritmo con el cuerpo y sosteniendo el micrófono sin perder control vocal. Hubo secuencias donde bailó con intensidad, bajó al suelo, se incorporó con rapidez y ejecutó movimientos de alta flexibilidad que arrancaron gritos inmediatos del público.
Si algo quedó claro durante el concierto fue que Doja Cat no se limita a cantar sus canciones. También las actúa. Su actitud, en tanto, fue frontal. Jugó con la sensualidad de manera deliberada, acompañando canciones como Agora Hills y Need to Know con gestos provocadores y contacto visual directo hacia las cámaras y las primeras filas.
A diferencia de otros espectáculos de gran formato, la artista redujo al mínimo las intervenciones habladas. Optó por mantener el flujo musical y acortar las pausas entre canciones, lo que dio continuidad a la presentación y sostuvo la energía sin interrupciones prolongadas.
El resultado fue un concierto dinámico, físicamente exigente y sostenido por un dominio claro del escenario y de su repertorio, en una noche que confirmó su consolidación como figura global del pop contemporáneo.