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La escasez hídrica es un problema que aqueja a Chile hace ya varios años y las proyecciones al respecto no son auspiciosas. A causa de esta problemática es que diversos sectores productivos, incluida la minería, han debido desarrollar y ampliar el uso de métodos más eficientes y sustentables.

Actualmente, el 25% de la extracción del agua en la minería proviene del mar y para el 2029 se espera que sea de un 43% gracias a las 14 desalinizadoras que existen en el país. El uso de agua de mar con sal también trae beneficios al proceso minero, tal como ha sido el caso de la Minera Centinela.

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Según un informe del Consejo Minero, de los 4,1 metros m³/s que se utilizan de agua de mar, 1,8 corresponden a agua salada. Las empresas se están abriendo a su uso por el ahorro energético, la eficiencia en costos operacionales y porque los iones cloruros presentes en ella permiten maximizar los sulfuros de cobre procesados.

Más proyectos están considerando agua de mar sin desalar. Tiene costo de impulsión más económico que la desalación, ya que desalando se ocupa más energía y, por lo tanto, hay más costos asociados y si esa energía no es renovable tiene una mayor huella de carbono”, dijo René Aguilar de Antofagasta Minerals.

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La Minera Cenizas también utiliza este recurso en su faena Tal Tal, un yacimiento que inauguró un sistema de impulsión de agua de mar en 1996, debido la escasez hídrica que ya existía en la Región de Antofagasta. Actualmente usan un 90% de agua de mar sin desalar en sus procesos.

Un proceso más sustentable y que colabore con las comunidades necesitará de los tipos de agua de mar: con y sin sal. Por ende, la infraestructura compartida de los sistemas de impulsión tiene un rol clave para llegar a un ideal de eficiencia hídrica, al permitir ahorro energético y mayor alcance.

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El principal desafío tiene que ver con la gestión y gobernanza de los proyectos de impulsión de agua. Según el último Informe de Transición Hídrica de Fundación Chile, el 44% de las causas para el riesgo hídrico del país corresponden a una deficiencia en la gestión de las instituciones frente al problema.

Según el informe 2019 de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), el uso de aguas continentales disminuyó en un 16% en su área superficial. Hay 14 proyectos de sistemas de impulsión de agua de mar y desalación en revisión, y se espera que su infraestructura compartida que aproveche los beneficios de ambos tipos de agua.

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