¿Podría alguien decir que no se necesita estudiar o tomar un curso para ser probo y honesto? En apariencia, sí. Pero si eres autoridad, estás a cargo de otras personas y manejas cuantiosos recursos, la respuesta cambia.
Esto parece no estar claro para los alcaldes. De 345 ediles, solo 46, sí, 46, asistieron al curso sobre probidad dictado por la Contraloría. Es un dato grave, porque más allá de la honestidad personal, es fundamental que quienes trabajan contigo conozcan las normas y que se desarrollen mecanismos eficientes de control y prevención.
La realidad lo evidencia: entre diciembre de 2023 y la fecha, el Ministerio Público ha abierto 642 causas por eventuales delitos de corrupción cometidos por alcaldes u otros funcionarios públicos.
En esta angosta y larga franja de tierra, además, reina la confusión de conceptos, ya sea por ignorancia o conveniencia. Por ejemplo, se argumenta que si un funcionario no se llevó el dinero a casa, no hay corrupción. Pero sí la hay: eso se llama fraude al Fisco. Torciendo aún más las cosas, algunos claman persecución política cuando la Fiscalía interviene.
Los municipios son el primer, y a veces único, contacto real de los ciudadanos con el Estado. La primera obligación de quien ha sido elegido para ese cargo es capacitarse al máximo para estar tras las paredes del municipio y no… tras las rejas.
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