Por Mónica Rincón
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Según trabajos de Patricio Meller y René Cortázar, por ahí por 1987, en CIEPLAN, ellos revelaron que en los tres primeros años de la dictadura de Pinochet se manipuló la inflación para recortar varios índices que parecían preocupantes. Bueno, en Argentina, durante los gobiernos de los Kirchner, en democracia, se alteró la información económica.

De esa crisis de confianza económica, teniendo ya tantas de otras áreas tan diversas, Chile parecía inmune. Tal vez hasta hoy. Cuando el director del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) denunció indicios de una posible manipulación del IPC. Manipulación, no error de cálculo, dijo él. Siguen analizando los datos, pero se estima que, en agosto y septiembre de 2018, los datos de inflación habrían sido alterados 0,1% por arriba de lo que realmente sucedió.

La información fue entregada ya al Ministerio Público y, según el ministro de Economía, surgió gracias a una unidad que ya trabaja la mejora del INE.

Es urgente investigar a fondo lo sucedido porque lo que está en juego es mucho más que un 0,1%.

Lo que está en juego es la confianza en cifras en base a las cuales se diseñan y evalúan políticas sociales, con las que los parlamentarios legislan y la dirección de presupuestos asigna recursos. De acuerdo a las que el Banco Central decide su política monetaria y los agentes económicos toman decisiones. Con las cifras del INE en mano y específicamente con el IPC, se calculan reajustes de sueldos, la UF o la UTM. Nuestra vida está indexada a la inflación.

Que la institución que produce esos valiosos datos haya sido cuestionado por el mejor censo de la historia, que no lo fue, luego por este gobierno en las cifras de empleo y hoy con una crítica más general a su funcionar por el ministro de Economía, es preocupante.

Aún estamos a oscuras en este episodio. Pero vale la pena preguntarse: ¿A quién le conviene una posible manipulación del IPC? ¿Para qué?

Lo único claro, por ahora, es que todos los países necesitan datos serios y confiables. Cuando esto no es así, es cosa de mirar al otro lado de la cordillera. Lo que ahí pasa, lo que ahí pasó, es algo que en Chile hay que evitar a toda costa.

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