A los 17 años, Jorge Carinao dejó Temuco y llegó a Santiago para dedicarse al levantamiento de pesas. Sus primeros pasos en la disciplina estuvieron marcados por una característica que terminaría acompañándolo toda su carrera: la competencia: “Lo que me encantó del deporte no fue el deporte en sí, fue la competencia”.
Antes de instalarse definitivamente en Santiago, Carinao ya había sido campeón regional, nacional y había conseguido un récord nacional. Ello fue posible por el respaldo de sus papás, que asumieron los costos de una carrera que todavía estaba comenzando. “Siempre me apoyaron. Creo que nunca pensaron que me iba a quedar tanto tiempo. Al final nunca volví”.
“Las competencias que teníamos a nivel nacional, los pasajes, la implementación. Que necesitaba yo los zapatos, que eran súper difíciles de conseguir. Todo eso fue un sacrificio y una apuesta, de cierta manera, a que en verdad me gustaba y que en verdad iba a seguir”, cuenta el atleta a Matilde Burgos en CNN Íntimo.
El accidente que cambió su vida
El 20 de diciembre de 2008, Carinao participaba en un control y había pedido comenzar con 110 kilos, un peso menor al que acostumbraba levantar. Tras sus tres intentos, la barra terminó cayendo sobre él. “Entonces cae derecho, mi trasero tocó el suelo, la barra me comprimió contra el suelo y me fracturó la columna”, recuerda.
La gravedad de lo ocurrido no fue inmediata para él. Mientras esperaba atención médica, todavía pensaba en cómo podría recuperarse para volver a competir. “Yo no entendía realmente lo que estaba pasando (…). Hasta que entró un doctor y él me explicó lo que realmente estaba pasando. ‘Me dijo: ‘Jorge, mira, esta es tu columna, te la fracturaste en esta parte, tuviste daño medular y lo más probable es que no vuelvas a caminar‘”.
“En ese momento uno cree que es la excepción, o sea, este gallo (el doctor) no tiene idea de lo que está hablando; yo creo que es tan fuerte la noticia que igual de cierta manera la vas bloqueando”, afirma, mencionando ese rechazo inicial que sintió. “Entonces me llevaron al pabellón, me operaron; después también parte como un juego que impone en tu cabeza, como ‘no, esto no me lo va a ganar’, pero después ‘puta, parece que sí’”.
La silla de ruedas fue, al inicio, parte de lo que más le costó aceptar. “La odiaba; para mí era un recordatorio de lo que estaba pasando. Después la empecé a querer, al final con eso me muevo”. A eso se sumó el quiebre con el deporte que había ocupado buena parte de su vida. “Fui un afortunado de encontrar algo que realmente me apasionaba siendo muy chico y que se me arrebatara así de un momento a otro era muy difícil”.
Durante ese período tampoco veía al deporte paralímpico como una posibilidad, afirmando que “no sabía tanto del deporte paralímpico en ese momento. También tenía mis prejuicios sobre él, que era más como de rehabilitación, más un tema así, no que era alto rendimiento. Entonces ni siquiera fue una opción al principio”. Su vida, mientras tanto, comenzó a reducirse y a perder objetivos: “Me vi solo, me vi perdido, haciendo realmente nada, sin ninguna meta, sin nada que me moviera, como vivir el día a día porque sí”.
Fue en ese momento cuando decidió volver a hacer deporte, aunque inicialmente pensaba en el tenis. Al buscar información, recibió una respuesta inesperada del entonces gerente de la federación, Patricio Bowen, quien le planteó que debía volver a levantar pesas. Le mostró las marcas necesarias para los Juegos Panamericanos de Guadalajara y lo desafió a conseguirlas. “Como ya había levantado pesas antes, veía la marca, y en verdad no era imposible, entonces lo tomé como un desafío”.
El regreso al deporte que provocó su accidente
La decisión significaba volver al deporte que había provocado su lesión. Pero Carinao asegura que nunca desarrolló un rechazo: “Nunca me costó tanto el tema de las pesas; yo nunca culpé a la barra. En verdad, siempre lo tomé como un accidente”. Su entorno, especialmente su mamá, tuvo más dificultades para entender ese regreso. “Mi mamá pensaba que estaba loco, que cómo iba a levantar pesas, pero para mí fue la mejor decisión”.
Con el tiempo, el levantamiento de pesas volvió a convertirse en una parte central de su vida, pero esta vez desde otro lugar. El proceso también le permitió recuperar independencia y conocer las capacidades de su nuevo cuerpo. “Yo siento que es un aprendizaje constante. El primer año lo pasé muy mal; el segundo ya iba poquito más entendiendo lo que significaba, pero mientras más conocía gente, más cuenta me daba de que había muchas cosas que no tenía asumidas y me daba cuenta en ellos que me faltaba”.
Hoy, después de tres Juegos Paralímpicos y de haber sido campeón mundial, su motivación sigue estando en la competencia, aunque ya no entiende las medallas de la misma manera. “Mi mayor foco son los Juegos Paralímpicos. Es el sueño de todo deportista. Ya he ido a tres, pero en verdad quiero pelear por la medalla”. Y aunque mantiene ese objetivo, asegura que el camino adquirió un valor propio: “Llevo años buscando una medalla, pero también entiendo que ya no es el logro, no es el fin. En verdad aprendí a disfrutar del proceso y a valorarlo aún más”.
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