La periodista y panelista de Tolerancia Cero abordó el caso de una estudiante con síndrome de Down que recibió amenazas, utilizando el hecho para reflexionar sobre las persistentes formas de exclusión que enfrentan estas familias.
Una carta con amenazas de violencia física les llega a Agus y a su madre. Agus, una estudiante con síndrome de Down.
La adulta que se cree la envió queda en libertad por “problemas de salud mental”. Esto es parte de lo que decía la carta: “Alguien tiene que ser sincero”, le dice a la mamá, “y bajarla de la nube. Deje de gastar plata en terapias; la genética no se arregla. Mongolita no puede ni cerrar la boca la tonta”.
Eso es de lo menos duro que le escriben; imaginen el resto. Hay que investigar.
La familia y Agus merecen justicia, pero el tema va más allá. Es que le estamos pidiendo a esa joven y a esa familia que sean heroicas. O es bullying o es que les hacen pagar a estas familias cuotas de inclusión. Sí, así le llaman.
O es ese cumpleaños al que no los invitan, recreos solitarios o días de Simce en que les piden enfermarse.
Hay muchos lugares en que eso no ocurre, pero hay muchos en que sí.
Hoy muchos se horrorizan con razón, pero pónganse una mano en el corazón y, en el silencio de sus conciencias, piensen si ustedes o alguien que conocen no ha sido el papá o la mamá que alegó porque en su curso hay un niño con autismo o con síndrome de Down.
“Es que nuestros hijos se van a atrasar”. Trato de empatizar con ustedes, pero me cuesta. Entiendo que se preocupan por sus hijos, pero no hay razón para preocuparse; debiera inquietarles que no haya inclusión en sus colegios si es que ese es el caso.
¿Por qué? Pregunten en Finlandia, en los cursos con inclusión hay menos bullying, mejor rendimiento global y prácticas académicas más innovadoras que se van replicando en el resto del colegio.
Ya no se vayan a Finlandia; pregunten aquí en Santiago, por ejemplo, en la institución teresiana, donde sus patios son como Chile mismo y sus resultados excelentes.
Este sábado fue el Día del Síndrome de Down. No tengo la suerte de tener a mi hija de ojitos achinados conmigo, pero yo y mi familia tenemos síndrome de Down en su honor por siempre.
Por tantas Claras, por tantas Agus, hagamos el acto de justicia más relevante: incluir.