SII anuncia medidas de alivio tributario para personas afectadas por incendios forestales en Ñuble y Biobío
Las medidas van dirigidas para contribuyentes de 16 comunas de las regiones de Ñuble y Biobío.
Las políticas públicas digitales no son glamour. Son trabajo silencioso, paciencia estratégica y convicción. Son entender que el futuro no se improvisa, se diseña.
Fui invitado al último seminario organizado por el Senado sobre políticas públicas digitales. Invitado formalmente, con nombre y apellido, no “oye, si andai cerca pásate”. El anfitrión era el senador Kenneth Pugh, más conocido en el ecosistema como el Cybersenador. Un tipo que lleva ocho años empujando, como quien sube un refrigerador por la escalera chica, una idea que en Chile todavía cuesta digerir: que lo digital no es un accesorio, es infraestructura país.
El seminario fue su despedida como senador. Ocho años hablando de ciberseguridad, gobernanza digital, datos, Estado moderno, soberanía tecnológica. Ocho años diciéndonos, con una paciencia casi budista, que no se puede construir el Chile del futuro con planillas Excel del pasado. Y ahí estábamos: expertos, académicos, autoridades, técnicos, gente que sabe lo que es un cero-day sin pensar que es un festival electrónico.
Y yo… con polerón rosado.
No fue una provocación. Fue más bien una declaración inconsciente. Entré a un salón lleno de ternos grises, azules marinos y negros institucionales, y ahí estaba yo, como un pixel fuera de la paleta corporativa. Pensé: “Listo, acá viene la mirada incómoda, el juicio silencioso, el ‘¿y este de dónde salió?’”. Nada de eso ocurrió. Todo lo contrario.
Nadie me discriminó. Nadie me miró raro. Nadie hizo el chiste fácil. Me integraron de manera excepcional, me escucharon con atención, me dieron la palabra una y otra vez. Mi voz no solo fue tolerada: fue considerada. Y eso, créanme, dice mucho más de madurez digital que cualquier discurso solemne.
Porque de eso se tratan las políticas públicas digitales bien hechas: de entender que la diversidad no es un problema, es una ventaja competitiva.
Chile ama la tecnología… siempre que no le pida cambiar demasiado. Nos encanta la app nueva, el trámite en línea, el QR, la automatización bonita. Pero cuando hablamos de políticas públicas digitales, la conversación se pone incómoda, como cuando alguien menciona la palabra “reforma” en un asado familiar.
Seguimos creyendo que lo digital es un proyecto, no una política de Estado. Algo que se lanza, se comunica, se corta cinta y listo. Y no. Lo digital es más parecido a una carretera: si no la mantienes, se rompe; si no la regulas, se llena de hoyos; y si no la piensas a largo plazo, termina siendo un riesgo más que una solución.
El Cybersenador lo entendió hace rato. Por eso empujó la Ley Marco de Ciberseguridad, la protección de datos personales, la idea de una institucionalidad digital sólida. No para quedar bien, sino porque un país sin políticas públicas digitales claras es como una casa sin cerraduras en plena era de ladrones digitales.
No con frases bonitas ni slogans futuristas. Se construyen con trabajo largo, técnico y a veces ingrato.
Volvamos al polerón. Porque ese detalle aparentemente superficial me dejó pensando todo el camino de vuelta.
Que nadie me haya mirado en menos, que me hayan escuchado con respeto, que mi opinión haya sido considerada, habla de algo profundo: cuando un ecosistema madura, deja de fijarse en la forma y empieza a valorar el fondo. Ahí entendí que una vida de estudio, de lectura, de ensayo y error, de conversaciones largas y a veces incómodas, sí vale la pena. Que llegar a esos espacios no es casualidad ni suerte. Es consecuencia. Consecuencia de tomarse en serio el pensamiento, la preparación y el criterio.
No importa el color del polerón si lo que dices aporta. No importa si vienes del mundo de los medios, la tecnología o la calle, si tu mirada suma. Eso, para mí, es una señal potente de que algo se está haciendo bien.
Salir de ese seminario me dejó una sensación extraña: satisfacción y, al mismo tiempo, incertidumbre. Porque hay avances, sí. Pero también una lista enorme de cosas por hacer. Chile está a mitad de camino. Ya no somos principiantes digitales, pero tampoco expertos consolidados.
Las políticas públicas digitales no son glamour. Son trabajo silencioso, paciencia estratégica y convicción. Son entender que el futuro no se improvisa, se diseña. Y si algún día te toca estar en uno de estos espacios, quizás con un polerón que no calza con el resto, o con una opinión que incomoda un poco, no te preocupes. Si el ecosistema es sano, te van a escuchar.
Porque, como bien lo demostró el Cybersenador en estos ocho años, Chile digital no es un destino al que se llega con traje y corbata. Es un camino largo, lleno de curvas… y donde, de vez en cuando, un polerón rosado también puede marcar la diferencia.
Mario Saavedra, conocido como @MacGenio, es especialista en temas de tecnología y cultura digital.
Las medidas van dirigidas para contribuyentes de 16 comunas de las regiones de Ñuble y Biobío.