Cambio de hora en Chile ya tiene fecha oficial: ¿Se adelantan o atrasan los relojes?
El fin de esta medida es privilegiar la luz natural en las mañanas durante los meses fríos. Revisa los detalles.
El fin de Windows 10 está generando el recambio de computadores más grande de la década. Y Apple está disfrutando su mejor trimestre gracias a esta crisis existencial tecnológica. La gente está votando con la billetera… aunque sea una billetera temblorosa.
Hay funerales silenciosos y luego está el de Windows 10, esa despedida incómoda donde nadie quiere admitir que dependió de él durante una década completa. Como cuando uno termina una relación larga: “No, si estábamos súper bien, solo que ya no corría ciertas apps…”. Y ahora Microsoft pone la lápida: soporte terminado. Se apaga la luz. Gracias por todo, recogiendo cables.
¿Y quién aparece con flores, con sonrisa, y con un perfume sospechosamente caro? Apple.
La marca que nunca pierde la oportunidad de mirar hacia abajo y decirte: “¿Viste que igual ibas a volver?”. Y Chile entero -desde la oficina de contabilidad hasta el creador de contenido que sube shorts de su gato -está experimentando algo curioso: migraciones masivas hacia Mac, impulsadas no por publicidad, sino por simple desesperación.
Porque claro, actualizar un PC viejo para que actualice Windows 11 es como tratar de llevar un Chevrolet Spark a la Laguna Carén con 7 personas y dos mochilas de camping. El motor dice “no más, hermano, suéltame”. Y entonces la gente mira hacia Cupertino, ve esos procesadores M-lo-que-sea y piensa: “¿Sabís qué? Igual me merezco algo bonito este año”.
Ars Technica lo confirmó: el fin de Windows 10 está generando el recambio de computadores más grande de la década. Y Apple está disfrutando su mejor trimestre gracias a esta crisis existencial tecnológica. La gente está votando con la billetera… aunque sea una billetera temblorosa.
Porque seamos honestos: cuando uno se cambia a Mac, no lo hace por necesidad. Lo hace por estatus emocional. Ese sentimiento absurdo pero real de “por fin dejaré de luchar con drivers”, “por fin mis AirPods se conectarán sin querer al televisor del vecino”, o “por fin mi computador no sonará como turbina de LAN Chile en 1998”.
Y mientras tanto, en Cupertino, el Excel debe parecer una fiesta de Año Nuevo en Reñaca.
Pero aquí es donde se vuelve fascinante: Apple no está creciendo solo por el éxodo desde Windows. Está creciendo porque ya no es una empresa, es una multidentidad. Hoy Apple decide qué música escuchas, qué series ves, cómo pagas, cómo te endeudas, cómo te ejercitas, cuándo respiras, qué foto pones en tu fondo de pantalla, y próximamente quizá hasta con quién sales (si se meten al mundo de citas, se acaba Tinder).
Y esta semana los sitios favoritos de Mac lo dejaron claro:
Entonces, ¿qué tenemos?
Una empresa que hace computadores, teléfonos, tarjetas de crédito, donaciones globales, series de TV, chips de alta eficiencia y probablemente un antojo irrefrenable de comprar un país chico solo para probar cosas nuevas. Apple es como ese amigo mateo que sacaba puros 7, tocaba piano, hacía triatlón, hablaba tres idiomas y todavía tenía tiempo para ir a scout. Uno ya ni siquiera compite con él, solo lo observa desde la vereda del frente mientras come pan con palta pensando: “Oye, pero bien por él”.
El fin de Windows 10 + el auge de Apple = terremoto de mercado.
Y aquí entra lo divertido: en Chile, este fenómeno produce tres tipos de personas.
Ese que se resistió a Mac toda su vida porque “yo soy de PC, viejo”, pero ahora está en una tienda mirando el MacBook Air como quien mira un pastel imposible estando a dieta.
Termina comprándolo y después dice: “Mira, tampoco era tan distinto”.
Sí, Juan Carlos, claro que sí.
El que hace números:
Este grupo convierte el drama en Excel, y ahí Apple gana siempre.
Mi favorito. El que se compró un Mac y ahora insiste en convertir al resto, el que dice “no vuelvo atrás”, “mi vida cambió”, “la batería me dura dos días”. Ese personaje debería recibir comisión directa de Tim Cook. (Mi cuenta por DM querido Tim).
Aquí viene la reflexión editorial, porque no todo es talla:
Lo que está pasando demuestra algo gigante: dependemos completamente de las decisiones de estas empresas, como si fueran gobiernos digitales sin territorio.
Microsoft decide matar Windows 10 → medio planeta gasta plata que no tenía planeada.
Apple decide cambiar de procesador → miles de aplicaciones mueren o renacen según los caprichos del M-chip del año.
Apple decide que ahora hará series → y de repente tiene más influencia cultural que tres canales chilenos juntos.
Esto no es menor. Esto merece discusión pública. Chile no prepara a su población para estos cambios: ni en educación, ni en empleo, ni en políticas digitales. Vivimos pegados a decisiones externas, sin capacidad de generar alternativa real.
Mientras eso no ocurra, seguiremos así: Macbooks nuevos entrando a Chile como si regalaran completos, Windows 10 siendo enterrado sin banda de guerra, y Apple celebrando en una torre de vidrio mientras todos tratamos de recordar nuestra contraseña de iCloud.
Mario Saavedra, conocido como @MacGenio, es especialista en temas de tecnología y cultura digital.
El fin de esta medida es privilegiar la luz natural en las mañanas durante los meses fríos. Revisa los detalles.