Ecoansiedad y solastalgia: Advierten sobre el impacto de la crisis climática en la salud mental y apuntan a mayor riesgo en jóvenes

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El recrudecimiento de fenómenos meteorológicos extremos y la constante exposición a catástrofes ambientales están generando un impacto directo y silencioso en el bienestar psicológico de la población. Frente a este escenario, especialistas alertan sobre la proliferación de cuadros como la ecoansiedad y la solastalgia, patologías vinculadas a la incertidumbre y al dolor por el deterioro del entorno natural que amenazan con desencadenar trastornos más severos si no son abordadas oportunamente.

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA), la ecoansiedad se conceptualiza como un temor crónico y constante a experimentar un cataclismo ambiental, gatillado principalmente por la observación del impacto irreversible de la crisis climática y la angustia por el porvenir de las futuras generaciones. Respecto a sus manifestaciones clínicas, Solange Anuch, psicóloga de Clínica Alemana, puntualiza que “esta anticipación de peligro pone al organismo en estado en alerta pudiendo aparecer sintomatología física del tipo: agitación, palpitaciones, irritabilidad, insomnio, inquietud, nerviosismo, temblor, mareos, fatigabilidad es lo que se denomina ecoansiedad”.

El alcance de este malestar psicológico suele intensificarse con la vivencia de la solastalgia, término acuñado por el filósofo Glenn Albrecht para definir la aflicción profunda que produce presenciar la degradación paulatina de los paisajes familiares y los ecosistemas locales. En ese sentido, Anuch enfatiza en la raíz de esta aflicción y recalca que “recordemos que ‘algia’ proviene del griego que significa dolor, en este caso, de ser testigo de la destrucción de la naturaleza del planeta emergiendo un sufrimiento al ver deteriorarse lo que hemos conocido como nuestro único hogar”.

El grupo más vulnerable ante este fenómeno se concentra en la adultez joven, una generación altamente expuesta a la hiperconectividad y a la cobertura digital sobre el colapso ecológico, donde la falta de respuestas globales suele transformarse en frustración recurrente. Al respecto, la psicóloga advierte que “en esta etapa de la vida los jóvenes ingresan al mundo adulto buscando hacer realidad sus ideales de trabajo, familia desarrollo y se encuentran con un mundo en decadencia, con un hábitat amenazado y empobrecido”.

La persistencia de estas tensiones emocionales no solo merma el bienestar cotidiano, sino que también puede abrir la puerta a psicopatologías de mayor complejidad, tales como cuadros depresivos, fobias específicas, alteraciones del sueño y consumo problemático de sustancias. Frente a este panorama, Anuch es categórica al señalar el límite clínico y subraya que “cuando estos miedos y preocupación afectan el rendimiento en el trabajo, los estudios o las relaciones interpersonales es necesario consultar”.

Para mitigar los efectos de este estrés ambiental, los especialistas llaman a canalizar la angustia mediante la acción comunitaria y el consumo crítico de información, priorizando fuentes fidedignas y evitando la sobreexposición catastrofista. Asimismo, sugieren integrarse a redes de conservación local y reconectar de forma activa con los espacios naturales, transformando la impotencia individual en iniciativas colectivas de protección del medio ambiente.

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